La "renuncia" de Astori

En la tarde de ayer se anunció la inminente renuncia del Cr. Danilo Astori al Ministerio de Economía y de inmediato comenzaron intensas tratativas para hacerlo deponer su actitud. Afortunadamente cristalizaron y la dimisión no se concretó. Pero, ¿era imprevista la decisión de Astori? ¿O era la lógica derivación de una serie de hechos ocurridos en las últimas horas?

Repasemos.

Sobre el filo del plazo para remitir el proyecto de Presupuesto Nacional al Parlamento, el presidente Tabaré Vázquez recordó uno de sus compromisos electorales (que se destinaría el 4.5% del PBI para la educación) y ordenó al Ministro de Economía que reviera lo proyectado para así contemplar el porcentaje prometido. Ya había olvidado otros compromisos, como —a modo de ejemplo— el de no aumentar las tarifas públicas anunciado en la ciudad de Minas el 11 de marzo de 2004, pero ahora no vienen al caso.

Es muy sano que los candidatos que acceden al poder no olviden las promesas hechas durante la campaña electoral. Ese es un factor de descrédito para el poder político, una práctica demagógica que poco contribuye a la necesaria confianza en las instituciones y sus soportes. Y si el tema central es la educación, cumplir con la palabra empeñada cobra especial importancia. Se trata de algo muy caro a los uruguayos, que por largos momentos de su historia fue motivo de orgullo, que desde unos años a esta parte se ha ido deteriorando y que fue una de las víctimas mayores de la crisis desatada en el 2002. Allí hubo incluso incumplimientos presupuestales que dejaron al Codicen con una disponibilidad financiera real por debajo de lo asignado por ley.

NO hay, por tanto ninguna objeción a la decisión del gobierno de reforzar el presupuesto de la enseñanza. Más allá de que ello signifique pasar por la guillotina a las proyecciones de los otros ministerios, el esfuerzo es loable y apunta directamente al futuro del país: son los jóvenes y sus oportunidades. Las carencias de la enseñanza pública son notorias y conocidas. Docentes y funcionarios con sueldos bajos, dificultades locativas cada vez mayores, la investigación decididamente postergada.

Sin lugar a dudas que era el mayor desafío para el nuevo gobierno instalado el 1º de marzo y así lo habían comenzado a hacer sentir los estudiantes, los docentes y los funcionarios, que habían comenzado a movilizarse. También los legisladores oficialistas y el ministro Brovetto se habían sumado a ese coro de reclamos.

Solo faltaba le decisión de Astori y de Vázquez. O de Vázquez solo, porque al fin y al cabo él fue quien recibió los votos ciudadanos y es el Presidente de la República.

Y, entonces, ¿a qué armar ese circo? ¿A qué dejar que su ministro de Economía siguiera adelante con su proyecto de Presupuesto, pese a que ya había dicho que no se iba a llegar al 4.5%? ¿Por qué fue necesario que se reuniera el Consejo de Ministros para desautorizarlo y ordenarle que hiciera de nuevo los "deberes"? ¿Por qué esa necesidad de "reflexionar en soledad" para concluir que el compromiso electoral debía cumplirse y hacérselo saber, así, públicamente, a su Ministro de Economía? ¿No era más fácil llamarlo por teléfono o invitarlo a su despacho y en el mano a mano plantearle que el 4.5% era innegociable? Astori aceptaba la indicación presidencial, se respetaba el porcentaje prometido para la enseñanza, se mantenía invicta la sintonía entre el Primer Mandatario y su Ministro de Economía y se le evitaba a éste una inmerecida reprobación.

SON muchas preguntas y no cierran a primera vista. Sería indecoroso vincular esta "reflexión en soledad" del Presidente de la República con la lectura de su abrupta caída en el nivel de aprobación de su gestión, según la encuesta de Equipos Mori publicada por El País el pasado domingo. Que buscara revertir esos 11 puntos perdidos en un mes, asumiendo para sí solo —y no todo el gobierno con Ministro de Economía incluido— los méritos del cumplimiento de la palabra empeñada por todo su Partido para asistir a la educación.

Pero no hay dudas que su "reflexión en soledad" le permitió un innegable golpe de efecto y el reconocimiento de los miles y miles de personas vinculados a los distintos niveles de la enseñanza, un sector —justamente— con un enorme poder de movilización. Que puesto en la calle a reclamar ha generado tremendas jaquecas a los gobiernos de turno, con huelgas, locales ocupados y ruidosas manifestaciones, no exentas de enfrentamientos "salados" con las fuerzas del orden, ahora al mando de su Ministro del Interior y su Jefe de Policía.

Vázquez cumplió con lo prometido. Y Astori quedó convertido en el malo de la película a los ojos de los estudiantes, docentes, funcionarios y la opinión pública en general. ¿Sorprendía, entonces, su dimisión? ¿O había sido empujado a presentarla?

Reflexionemos en soledad y que cada uno saque sus conclusiones sobre lo ocurrido.

Comuna fundida

Al reconocimiento de un déficit de U$S 60 millones, resultantes del ejercicio 2004, se suman otros U$S 80 millones que estarían al cobro. Si realmente la IMM recuperara ese monto, cosa difícil de lograrlo, podrían abatir parcialmente los más de U$S 159 millones que realmente dejó en rojo la tercera administración de izquierda que gobernó la capital.

Los datos hay que tomarlos con pinzas, a la espera de los informes del Tribunal de Cuentas, pues los jerarcas frenteamplistas nunca dieron la números reales en sus informes a la Junta Departamental.

Los déficit presupuestales, en los 15 años que están gobernando, siempre crecieron, se acumularon de tal forma que cuando se fue Tabaré Vázquez —había recibido la comuna con U$S 13 millones en caja— no le dio las cifras reales a Mariano Arana que se encontró con U$S 25 millones indescontables para poder realizar cualquier proyecto.

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