Avalancha en un santuario iraquí deja un millar de chiitas muertos

| Un rumor de que un suicida haría estallar sus explosivos provocó la estampida

DOLOR. Un peregrino llora al lado del cadáver de su hermano en un hospital de Bagdad. 200x147
DOLOR. Un peregrino llora al lado del cadáver de su hermano en un hospital de Bagdad.
AP

THE ECONOMIST y AFP

Cerca de un millón de musulmanes chiitas iraquíes realizaban su peregrinación anual a un santuario del siglo VIII en el norte de Bagdad cuando empezó el caos. Aterrorizados por los rumores de que un atacante suicida intentaba inmolarse en medio de la multitud, miles de peregrinos iniciaron una estampida a través del puente sobre el río Tigris que conduce al santuario. Muchos murieron pisoteados, otros se ahogaron después de saltar o ser empujados del puente. Las autoridades ubican la cifra oficial de muertos en 997, entre ellos niños, mujeres y ancianos. Algunas fuentes adelantaban que la cifra de muertos podría aun aumentar significativamente.

Las catástrofes con grandes pérdidas humanas son cosas de todos los días en Irak desde el comienzo de la invasión estadounidense en 2003. Pero ningún incidente aislado desde entonces había sido tan mortal. De alguna manera, la aglomeración de personas en un espacio tan restringido era un accidente anunciado. De hecho, ya se habían reunido grandes multitudes frente a santuarios musulmanes, muchas veces sin ningún motivo aparente. Pero algunos funcionarios de gobierno y políticos chiitas rápidamente acusaron a la insurgencia sunita, que además de sus incesantes ataques a las fuerzas estadounidenses e iraquíes, cada vez más eligen blancos civiles chiitas. Su objetivo aparente es fomentar una guerra civil, haciendo que el país sea aun más ingobernable que ahora y forzando a las tropas estadounidenses a una humillante retirada.

El ministro del Interior, Bayan Jabor, acusó a los insurgentes de deliberadamente iniciar el rumor del suicida. Ammar al Hakim, un líder del Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Irak, el partido dominante en la coalición de gobierno culpó a los "terroristas, sadammistas y extremistas radicales". El ministro de Defensa, Saadoun al-Dullaimi, un sunita, no está de acuerdo, insistiendo en que la tragedia no tuvo nada que ver con las tensiones sectarias. Sin embargo, había habido algunos presuntos ataques sectarios por la mañana: al menos siete personas fueron asesinadas por disparos de mortero en tres incidentes separados mientras se dirigían al santuario.

Si la estampida fue un trágico accidente o el resultado de un ataque deliberado son cosas que no se podrán saber. Lo importante es si los chiitas concluyen que fue un ataque sectario y se deciden por una represalia. Podría no ser la primera vez que los insurgentes hubieran atacado un festival religioso chiita. En marzo de 2004, más de 180 personas murieron cuando atacantes suicidas se lanzaron contra los feligreses en el mismo santuario y en otro, aun más importante, en Kerbala. Recientemente, cualquier reunión chiita —bodas, funerales, encuentros en las mezquitas— se han vuelto vulnerables. En respuesta, aumentaron los asesinatos de líderes y clérigos sunitas. Sin embargo, considerando el nivel de provocación es increíble cómo las fuertemente armadas milicias chiitas han resistido la tentación de lanzar represalias masivas contra civiles sunitas. El gran ayatolah, Ali Al Sistani, el más influyente de los clérigos chiitas, ha reprimido el alcance del más militante de los grupos armados, el de Moqtada al Sadr.

Después de haber decretado un duelo nacional, el primer ministro iraquí, Ibrahim Jaafari, apareció en la televisión pública haciendo una llamada a la unidad nacional. "Lo que ha sucedido es un intento de sembrar la discordia", declaró.

El ataque fue reivindicado en un sitio islamista de Internet por un grupo sunita vinculado a Al Qaida: los muyahidines de Jaiech Al Taifa al Mansura (Ejército de la comunidad victoriosa).

Esta formación indicó haber actuado contra los "rafidha" (término peyorativo utilizado por los extremistas sunitas para designar a los chiitas) en la región de Kazimiya, para castigarlos por los crímenes ignominiosos cometidos contra los sunitas.

Los peregrinos conmemoraban la muerte en el año 799 del Imán Moussa ibn Jaafar al-Kadhim, uno de los 12 santos chiíes principales que está enterrado en una mezquita en el vecindario de Kazimiya, en el norte de Bagdad.

Popularidad de Bush sigue bajando

Una encuesta difundida ayer por el Washington Post y la cadena de televisión ABC, y que se suma a varios sondeos previos, señala que la frustración de los estadounidenses con Bush ha aumentado debido al caos de la posguerra en Irak, el alza en los precios de los combustibles y el rumbo de la economía.

El último sondeo, realizado entre el 25 y el 28 de agosto, señaló que la aprobación para Bush es de un 45%, un descenso de siete puntos desde enero y el más bajo desde que llegó a la Casa Blanca en 2001.

Hace dos meses, la aprobación era de un 47%.

Si no se revierte esta tendencia, la caída de popularidad de Bush y de sus correligionarios en el Congreso podría afectar las elecciones legislativas de 2006 y poner en peligro la mayoría de que goza el partido gobernante en el Congreso, según expertos.

Desde principios de agosto, activistas opuestos a la guerra en Irak han acampado en su rancho de Crawford (Texas) —que Bush describe como su "pedazo de cielo"— para exigir la salida de las tropas de EEUU de ese país.

Pero Bush, empecinado en cumplir con la misión, ha rechazado una retirada de Irak, donde casi 1.900 soldados estadounidenses han muerto desde la invasión y ocupación en marzo de 2003.

Para su consuelo y el de sus seguidores, el sondeo señaló que el 56% de los estadounidenses aprueba la lucha contra el terrorismo, seis puntos por encima del nivel registrado en junio. efe

Etnias

LOS CHIITAS representan más de la mitad de la población iraquí (más o menos 60%) y están establecidos principalmente en el sur del país. Después de años de opresión por el régimen sunita de Saddam Hussein, obtuvieron una amplia victoria en las elecciones generales del 30 de enero, llegando así al poder por primera vez en la historia del país. Los chiitas forman una comunidad no monolítica. El gobierno iraquí, dominado por una corriente religiosa mayoritaria fiel al gran ayatollah Alí Sistani, es partidaria de que se mantengan fuerzas extranjeras, mientras que el jefe radical Moqtada Sadr cuyas tropas dirigieron el año pasado una rebelión, es un enconado opositor a la presencia de los estadounidenses en su país.

LOS SUNITAS buscan presentarse como la ortodoxia frente al chiismo, es decir la que aplica las doctrinas, normas y costumbres establecidas por la religión. Se someten a la sunna y obedecen al poder instalado, incluso si no es religioso. Los sunitas, si bien mayoritarios en el islam, son minoritarios dentro de la población iraquí (entre 20% y 25%). Siempre han estado a la cabeza del Estado y han dominado el ejército y las fuerzas de seguridad. Bajo Saddam, los sunitas se beneficiaban de su protección y ocupaban el poder. Fueron relegados al segundo plano después de la invasión estadounidense.

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