Eso de que ya no le ganamos a nadie es un cuento. No hay semana en que algún uruguayo gane algo en alguna disciplina conocida o ignota. Todo trofeo, porque los primeros olímpicos, los de la ráfaga que no previó ningún meteorólogo, tampoco venían de un deporte que le sacar el sueño a toda la humanidad. Y Danilo Oribe está viniendo desde Puerto Rico con una nueva copa para las polémicas estanterías nacionales: acaba de ganar el campeonato Panamericano de Coctelería. Ya había conocido el sabor de la gloria, expresión nunca tan bien aplicada como en este deporte alegórico: fue campeón mundial de la disciplina el año pasado en Las Vegas. Si en Maracaná éramos visitantes, cuánto más ajenos a ese corazón de neón y dólares era la celeste que tenía puesta Oribe mientras agitaba copas e ingredientes paa convencer que su brebaje era el mejor de todos.
Oribe es miembro de la Asociación de Barmen del Uruguay. Allí explicaron que en el torneo —Oribe ganó en la categoría Flair— hay que hacer primero un show con botellas, que mezcla ingeniosos malabares con copas y botellas con líquidos adentro, para culminar preparando un trago que se sirve en tres vasos.
No todo es divertimento en la vida del barman, o de la barwoman, que las hay. En el gremio, dicen que la disciplina es un arte que maneja todos los sentidos, impactando el tacto, los sabores, el aroma y la vista. Y hay que estar preparados para todo: "Un buen barman debe saber cómo hacer un buen licuado para un niño como una bebida para diabéticos".
Mientras se espera la llegada de Oribe, no está demás conocer la fórmula de su título mundial, ajena al ollazo futbolero que se verá el domingo inminente y contenido de una copa más frágil pero no menos humana: tres centilitros de champagne brut, dos de ron light, dos de licor de frutillas, uno de syrup de durazno, cinco de jugo de naranja natural y otros cinco de jugo de ananá. Eso es un rey de copas.