Montevideo capital regional del cerebro

| Director del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable

JUAN MIGUEL PETIT

El Instituto Clemente Estable es un referente de la investigación científica. ¿Cuál será su proyección en la ley de Presupuesto?

—El Instituto va a tener dos ejes fundamentales. Por un lado, se va a constituir en un Centro Regional de Neurociencias y por otro también va a constituir un polo de biotecnología agropecuaria y medioambiental. A esto se suma el sector de servicios que se brindan a terceros, muchos de ellos de alta tecnología, que hoy son únicos en el país.

—Un centro para las neurociencias suena complicado y ambicioso...

—Uruguay tiene un potencial en neurociencias mayor que muchos países de la región. Hay una acumulación histórica del país en el tema, desde que Clemente estable fue a estudiar con Cajal y creó un centro de neurociencias, se creó una cultura científica en el tema. Y ya hay más de 100 personas trabajando en neurociencias en Uruguay. De lo que se trata es que en esta sede se unan y entren en una dinámica común todos los centros de neurociencias que hay en el medio. Ya hay una muy buena coordinación entre las neurociencias en Uruguay, por ejemplo para las maestrías y posgrados se unen todos los investigadores y también está la Escuela Latinaoamericana que funciona aquí que nos agrupa a todos. Crear un Centro Regional nos va a dar una estructura más orgánica, con muchas mayores posibilidades de programas de intercambio, acuerdos con países y acceso a programas internacionales. No es lo mismo tener buenos investigadores dispersos que tenerlos todos juntos trabajando coordinadamente en un nuevo centro.

—¿Cómo va a ser ese centro? ¿Qué impacto va a tener?

—Uruguay puede ganar mucho con esto. Por lo pronto participar en programas científicos de los que hoy está excluido. En el mundo hay muchas fuentes de financiamiento para buena ciencia: la ciencia no tiene frontera y si uno tiene un buen proyecto se pueden conseguir fondos de cualquier país del mundo. Esperamos iniciar una etapa que al menos llevará 10 años, que implica pasar de un instituto que es un conjunto de unidades de investigación lideradas por personas con gran vocación, a una estructura con complejidad institucional y especializaciones para los trabajos complejos y multidisciplinarios que exige el mundo de hoy. Lo que hay que valorar es si estamos haciendo un gasto o una inversión en ciencia: si se genera una masa crítica a nivel de ciencia y tecnología, ellas redundan en productos que generan riqueza. Y allí se cierra el círculo: la ciencia que produce innovación, mayores productos que levantan el nivel general de la población y, cuanto más cultura hay, mejor se resuelven los problemas cotidianos. Hay países de mediano tamaño que han invertido en esto, como Finlandia y Suecia, que a partir de sus tradiciones científicas han logrado productos económicos y sociales increíbles.

—¿Los jóvenes tienen espacio para volverse científicos en Uruguay?

—Recién se hizo un llamado para 17 becas de investigación, y se presentaron 403 postulaciones. Es una señal del interés. En nuestro local hay espacio para 150 investigadores más, nuestros laboratorios están despoblados a jóvenes con sus proyectos particulares y con criterios formativos. Hay centenares de jóvenes sin inserción laboral hoy y que podrían estar investigando. Con el nuevo presupuesto también nos proponemos incorporar investigadores jóvenes y traer investigadores uruguayos del exterior, que de hecho ya están viniendo con sus proyectos: acaba de llegar uno de Suecia con un contenedor lleno con sus equipos.

—Es difícil pensar que se puedan dedicar enormes cantidades de recursos a eso ya mismo.

Hay que ser realistas. Por un lado llevar algo de un Estado a otro lleva tiempo. Pero hay que ser creativos para el financiamiento. El Instituto ya tiene mediante una ley un sistema por el cual empresas privadas financian investigaciones y lo aportado lo presentan en parte cuando tienen que pagar los impuestos. Un programa de reinserción de científicos puede traer a los mejores 10 por año, lo que se gaste en traerlos va a ser mucho menos que los fondos que van a atraer y los productos que pueden hacer.

—El cerebro sigue siendo un gran desconocido.

—Lo importante para conocerlo es verlo comparativamente. Casi todos los mamíferos estructuran su sistema nervioso de manera muy similar. El cerebro del hombre no es muy diferente en su estructuración al de la rata o del ratón. Tiene muchas analogías, aunque obvias diferencias de tamaño y del número de elementos neuronales. Es un estudio que requiere la sumatoria de muchas disciplinas. Como toda célula tiene un genoma, que es muy plástico, proteínas, y también utiliza señales eléctricas para comunicarse, un código químico que utiliza muchas drogas. Y todo eso se une en un entramado muy complejo que no entendemos cabalmente y que tiene como resultado final la emergencia de la conciencia humana.

—Sobre el conocimiento del cerebro: ¿estamos todavía en la edad de piedra?

—Estamos comprendiendo las partes. Y recién ahora estamos comprendiendo algo sobre las patologías. Si comparamos la neurología con la cardiología, donde se hacen maravillas con trasplantes, fármacos y en el diagnóstico de todos los males del corazón, con el cerebro todavía estamos atrasados. Usamos anestésicos, antidepresivos, antisicóticos, pero muchas de las enfermedades neurológicas no se pueden curar todavía, apenas las tratamos en forma paliativa. Estamos empezando a comprender los mecanismos básicos de los que provienen algunas enfermedades.

—¿Es más lo que sabemos o lo que no sabemos del cerebro?

—El cerebro tiene 10.000 millones de neuronas, cada una con su individualidad propia, que establecen cada una unpromedio de 5.000 contactos con otras mediante una gran cantidad de sustancias químicas que le dan un código de letras, porque además de un código eléctrico hay uno de letras con cada sustancia química que interviene. Pero hoy es más lo que sabemos que lo que no sabemos, en el universo limitado de sus propiedades e interacciones básicas.

—A los astrónomos y a los estudiosos del cerebro se les suele preguntar si no vieron alguna "pista" de Dios por allí, quizás porque unos estudian la inmensidad que está allá afuera y otros la que tenemos acá nomás, adentro nuestro...

—Hay estudios recientes de imagenología cerebral que muestan que hay áreas importantes del cerebro que se activan solamente ante las experiencias religiosas. Pero especulaciones de este tipo solo nos las permitimos en la intimidad de nuestra casa. Hay un hiato muy grande entre todo lo que uno pueda saber sobre el cerebro y ese mundo subjetivo al que se accede en una experiencia religiosa o humana profunda. Soy muy modesto en eso, son dos planos diferentes. Capaz que un yoguista tiene una respuesta más clara.

Conciencias

—¿Qué son las neurociencias?

—Son las diferentes aproximaciones que estudian el cerebro y el sistema nervioso.

Convergen especializaciones que van desde la biología molecular y el manejo del genoma hasta el estudio de los mecanismos de cognición o de la conciencia humana, lo más complejo que puede concebirse.

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