El teleevangelista norteamericano y fundador del movimiento Coalición Cristiana, Pat Robertson, declaró que sería más barato asesinar al presidente venezolano que iniciar una guerra para deshacerse de él. Lo hizo durante su programa de televisión "The 700 Club", el cual, de acuerdo a la propaganda de su organización, alcanzaría una audiencia diaria promedio de un millón de televidentes en los Estados Unidos.
El predicador es conocido por sus opiniones poco convencionales. Entre otras cosas, habría asegurado que sus plegarias lograron el milagro de desviar un huracán que amenazaba las instalaciones de su cadena de televisión, Christian Broadcast Network. Lamentablemente, el huracán se lanzó sobre la localidad de Long Island que tuvo que pagar el precio del milagro. Pero, entonces, nadie es perfecto. En otra oportunidad exhortó a sus fieles a emprender una ofensiva de plegarias de 21 días de duración, para remover de su cargo a tres jueces de la Corte Suprema de los Estados Unidos acusados de tener inclinaciones liberales (que en el abanico político de los Estados Unidos equivale a centro-izquierda). Otro pensamiento célebre fue sugerir lanzar una pequeña bomba atómica sobre el Departamento de Estado, por el cual parece sentir especial antipatía. Y más de lo mismo.
Inmediatamente, el Gobierno de los Estados Unidos dejó bien claro su desagrado. Un portavoz del Departamento de Estado, luego de reconocer las diferencias que existen con Caracas, declaró que Washington no compartía las opiniones del predicador y que sus comentarios no eran apropiados. El vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel, fue menos circunspecto: describió los comentarios como criminales y terroristas.
Las declaraciones de Robertson no deberían ser exageradas. Pero tampoco sería prudente descartarlas como meras extravagancias de la extrema derecha lunática en los Estados Unidos. Es sensato evaluarlas con seriedad y sobriedad. Cuando un pastor evangelista de cierta importancia sostiene públicamente que su país tiene la habilidad de eliminar al presidente de otro país y opina abiertamente que ha llegado el momento de hacerlo, es necesario preocuparse. Por muchos motivos.