La violenta tempestad que azotó con singular furia a los departamentos de Montevideo, Canelones, Maldonado y Rocha, dejó en evidencia carencias importantes en los informes meteorológicos que se producen en nuestro país.
A pesar de la avanzada tecnología que hoy respalda el trabajo internacional, regional y nacional de los expertos, no fue posible advertir a la población de la llegada el martes pasado de las violentas tormentas. Seguramente efectuada la alerta pública se hubieran evitado tantas pérdidas de vidas y materiales. Cuesta creer que tales fenómenos meteorológicos no puedan ser predichos. Tampoco funcionó de parte de las autoridades la emisión inmediata de comunicados radiales y televisivos, advirtiéndole a la población de la gravedad de los vientos que estaban golpeando todo a su paso, y la falta de seguridad que significaba salir de los domicilios y circular por la vía pública.
Los sorprendentes destrozos provocados son más que elocuentes en cuanto a la extraordinaria violencia de la tormenta, la cual se mantuvo durante un también inusualmente extenso período de tiempo. Habrá que corregir todo lo que falló en esta ocasión para evitar que seamos sorprendidos por violentas tormentas.