Sábado 27 de agosto de 2005 | Año 87 - Nº 30188
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[hoy importa]
La tempestad

El reciente temporal que causó muerte y destrucción en nuestro país, reveló ciertas cosas. También confirmó otras. Puede rescatarse que aun dentro de la innegable tragedia, la misma es de escala menor si se la compara con fenómenos horrorosos como el "tsunami" que hace pocos meses asoló vastas regiones asiáticas. Uruguay es privilegiado con relación a catástrofes naturales. El fenómeno verificado en la noche del martes pasado, sólo tiene cuatro antecedentes análogos en 102 años.

Sin embargo nuestras preocupaciones deben moverse dentro de dicha escala, dado que la misma es la del país en que vivimos y al cual deseamos siempre con más seguridad, con mayor calidad de vida. Las muertes, sin importar su número, son siempre una tragedia que subleva, que en la impotencia que despiertan, inducen a pensar qué se podría haber hecho para evitarlas.

El esfuerzo por superar la destrucción, que afectó en forma especialmente grave a siete departamentos del sur del Uruguay, tiene ahora que convocar los mayores impulsos, la máxima solidaridad, para que quede atrás dentro del más breve plazo, el panorama de secuelas de la jornada de pesadilla.

Y dentro del marco del mencionado esfuerzo por superar, por salir adelante, es grato comprobar que empieza a manifestarse la solidaridad internacional: la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ya ofreció a Uruguay hasta cien mil dólares para gastar en el rubro de materiales o artículos de socorro para víctimas del desastre.

Merecen párrafo aparte los sacrificios realizados por funcionarios, en procura de preservar la vida humana, la propiedad, los servicios públicos. Como es habitual, encabezan la nómina, los sacrificados bomberos. Pero hay más: desde su puesto de trabajo, miles de empleados, en general anónimos, pugnan, entre otras cosas, por abrir paso en vías de tránsito bloqueadas, por restablecer luces, teléfonos y agua corriente.

Por último subsiste la interrogante acerca de por qué no hubo una alerta adecuada. Cómo fue que en la esfera nacional no se advirtió que los vientos serían tan intensos y tan prolongados, aunque sí hubo una advertencia en ese sentido, emitida desde Brasil. ¿Faltan equipos? ¿Hubo falla humana o de los instrumentos utilizados? Ya se sabrá. Recién estamos a muy pocos días de la tempestad y este es apenas un balance primario.


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