¿Quiénes creen que son?

Un par de días atrás, en un acto político, el señor Bielsa, titular de la Cancillería del gobierno de Kirchner que lo presenta como su crédito en la candidatura a diputado por Buenos Aires, dijo tener en su mano treinta y cinco mil firmas de habitantes de Gualeguaychú reclamando contra la construcción de las plantas de celulosa en Fray Bentos y poco menos que se comprometió a proceder para que el gobierno uruguayo desactive sus planes. Es sabido que sobre este tema —que no es polémico desde que ya autoridades del Banco Mundial han anunciado que financiarán parte de la obra porque cuentan con informes inequívocos en cuanto a que los emprendimientos no generan riesgos de contaminación— está trabajando una comisión con representación de los dos países que se expedirá en los próximos ciento ochenta días. Y ello, por convenio de los dos Cancilleres, por lo cual esta novedad, esta punta de lanza que quiere introducir el señor Bielsa en ese acuerdo, no puede interpretarse sino como una insolencia. Preguntado sobre el particular Gargano se limitó a manifestar su extrañeza por el brusco viraje del ministro argentino, pero en los hechos contrastó la arrogancia de este último con la tibieza de la expresión del nuestro, que debió responder con otra energía que la cuestión involucra a la soberanía uruguaya, no a la argentina. Lo que sucede en definitiva, es que esta es la consecuencia de "los favores recibidos" por el Frente Amplio del gobierno de Kirchner para ganar las elecciones que son de público conocimiento. En términos de "mano a mano", Gargano no pudo retrucar a la compadrada que esos favores recibidos "creo habértelos pagado" porque políticamente el Frente todavía no ha hecho nada para equilibrar la cuenta ni va a poder hacerlo en lo que es un tema nacional, en el cual todos los uruguayos estamos unidos subidos en el mismo barco —que no es ni será jamás uno del Buquebus— y cuando ello ocurre la historia demuestra que no somos huesos fáciles de roer. O sea que Bielsa y su íncubo van a tener que buscar otro procedimiento para cobrarse la deuda a riesgo que quede cargada "en la cuenta del otario".

Por más campaña a que se encuentre abocado, el candidato kirchnerista tendrá que aprender que la prepotencia no es el mejor instrumento para explotarlo con fines proselitistas, y menos todavía a expensas de la dignidad de un país del cual tiene demasiado para aprender, entre otras cosas la buena educación sustento del respeto en que se apoya el prestigio. Y si se niega a hacerlo lo educaremos nosotros cada vez que se merezca, como ahora, que lo pongan en el sitio que le corresponde.

A él y al que lo maneja.

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