Diplomático de EE.UU. que deja Cuba fue expulsado de Uruguay

| James Cason, fue Jefe de Misión de los Intereses de EE. UU. en La Habana, en 1982, la dictadura uruguaya lo echó

DANIEL HERRERA LUSSICH | WASHINGTON (CORRESPONSAL)

Fue expulsado de Uruguay en 1982 por el gobierno militar, declarado "persona no grata" y hoy parte de retorno a los Estados Unidos al finalizar su misión como Jefe de la Sección de Intereses americanos en La Habana.

Ha vivido tres años en Cuba en constante enfrentamiento con Fidel Castro y el gobierno de la isla, lo acusaban de complotar contra el gobierno, reconoce: "me reuní múltiples veces con los opositores y también fui a ver a las autoridades cubanas, me recibieron cordialmente, pero en seguida me di cuenta que no estaban dispuestos a discutir nada serio, porque se tocaba un tema que no era de su gusto y todo se convertía en tensa e inútil polémica. Solo se podía hablar con los funcionarios de turno que me ponían enfrente de inmigración y drogas y algunas otras cosas, los temas de real envergadura no quisieron ni tocarlos".

James Cason, casado, dos hijos (uno vive en Brasil y el otro es piloto de helicópteros de la Marina), ha estado 37 años como diplomático de EE.UU. en 15 países y habla cinco idiomas. Cuba ha sido el lugar al que, después de terminada su gestión, le gustaría volver cuando haya un cambio. Recuerda con entusiasmo también que cuando estaba destinado en Portugal ocurrió la Revolución de los Claveles y esgrime ante la acusación que ha oído en La Habana de "conservador fascista" que el gobierno de facto uruguayo lo "expulsó", argumentando el funcionario estadounidense que lo motivó su defensa de los derechos humanos. La versión que recuerda el periodista, no con total detalle, fue que Cason en siendo guerra de las Malvinas, estando Stewart, Director Interino de Política y el Esc. Ginzo Gil, subsecretario (el embajador Luis Posadas y el ministro Valdez Otero se encontraba en Washington en una reunión de la OEA), habría emitido opiniones públicas contra la posición uruguaya en el conflicto y ante el informe de la Cancillería, de acuerdo con el presidente del gobierno militar, el Tte. Gral. Gregorio Alvarez, se decidió "expulsarlo del país, dándole un breve plazo para su partida".

CAMBIOS. Para Cason en la actualidad su mayor satisfacción la lograría cuando las cosas den vuelta en Cuba, ("antes este gobierno de Castro no me lo permitiría", aclara), ser el primero en el avión y ver a los amigos y la reacción del pueblo ante la oportunidad de sentirse finalmente libre otra vez, teniendo el destino en sus manos.

"A este pueblo hoy le digo ¡Cachán, cachán! días mejores pronto vendrán", declara con entusiasmo el diplomático Cason.

Según el representante estadounidense no conocía Cuba antes de 1992 y recién cuando lo vi con "mis propios ojos pude apreciar realmente el desastre y la tragedia en la que está sumida, fue una sorpresa para mí ver el deterioro de las ciudades y aún más impactante observar el grado de desesperación de los cubanos y todo lo que tienen que hacer para sobrevivir diariamente".

Cuenta Cason que una vez fue a reunirse con un grupo de ex balseros en Caibarién y "allí me encontré con un tal Margarito Broche, que me presentó a un hombre humilde, que había intentado escapar de la isla 26 veces y le aplicaron entonces multas y como no las podía pagar cumplió 5 años de cárcel." "Hoy a Cuba la considero un infierno para vivir" , dijo Margarito, "tanto que insistiré en fugarme con los peligros que hay, más le digo que preferiría que me devorarán los tiburones".

AMENAZA. Gente en precaria situación económica, que vive más que modestamente, ha sido amenazada: ¡si hablás y no estás con nosotros, mejor cierra la boca, porque si no mandamos las turbas a golpearte y lanzarte piedras o te encarcelamos! La realidad es terrible, sostiene Cason.

—¿Cómo no lo expulsaron por intromisión en los asuntos internos?

—Yo fui nombrado Jefe de Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, que realmente los hay y son importantes. Hablaba con la gente y les hacía alusión a la realidad y a los presos políticos, pero jamás incité a la revuelta ni nada parecido. Además si me iba vendría otro, que no conocían y no sabían hasta dónde perturbaría más que yo. Recuerde que no tuve que presentar credenciales, no tenemos relaciones diplomáticas.

—Pero en la televisión insertaban en la programación dibujos animados sobre su persona, caricaturas, buscaban ridiculizarlo y dejar establecido que el pueblo enardecido deseaba atacarlo.

—Ellos mismos han reconocido que cometieron un error, me han hecho una figura conocida en el país, y eso no le gustó a Fidel, ha sido como un boomerang para ellos.

—Usted afirmó hace poco que el régimen cubano llegaba a su fin, ¿tiene bases para decirlo tan categóricamente?

—Mire, basta conocer la edad y ver a Fidel y el descontento de la gente, para tener la certeza de que los plazos serán cortos.

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