CONSULTORA SERAGRO
La contracara del devastador temporal del miércoles pasado, fue la lluvia muy favorable que cayó en todo el país. El Uruguay es un país ganadero, entre otras cosas porque los animales pueden soportar estas agresiones inesperadas del clima sin mayores daños, que en cambio son cataclísmicos para otras producciones.
La larga lista de perjuicios que sufrieron los cultivos hortícolas y los árboles frutales en este nuevo episodio (afortunadamente no hay demasiados árboles con frutos, ni cultivos extensivos maduros en esta época), contrasta con la ausencia de afectación negativa para la ganadería vacuna. Más allá de algún cordero recién nacido o lanar recién esquilado que pueda haber muerto con el temporal, tampoco los ovinos sufren en esta circunstancia.
Al contrario, como la adversidad que se estaba perfilando en el escenario tenía que ver con la falta de precipitaciones, las lluvias copiosas que cubrieron prácticamente todo el territorio son una verdadera bendición, que se recibe con un suspiro de alivio por parte de los productores. Las aguas aventaron, por un buen tiempo por lo menos, los temores que se habían ido instalando en el ambiente. Es que la amenaza de una primavera seca, que condiciona la performance productiva de todo el año siguiente, es el peor enemigo de la ganadería.
La mayor parte del pasto se produce en el trimestre que se inicia, cuyos remanentes sostienen la producción en el verano siguiente, respondiendo a los principales requerimientos en el momento más importante del año para los animales. Es cuando se producen las pariciones — y por lo tanto las lactancias —, se completa el desarrollo de las vaquillonas que entran al servicio, se recuperan (o no) las vacas que parieron para encarar un nuevo entore con posibilidades de éxito, se completan los engordes a campo, que siguen siendo significativos en la producción de carne.
En los esquemas intensivos —de carne o de leche— se juega la posibilidad de hacer reservas para el año que viene, además de los resultados inmediatos.
FAENA. El otro elemento destacable de la coyuntura es la elevada faena que está teniendo lugar, que reafirma la perspectiva de un año de extracción récord
La incertidumbre climática-forrajera estaba contribuyendo a incentivar la oferta a frigorífico.
Puede verse en la gráfica adjunta, lo que representa al momento actual la faena acumulada en lo que va de este año, en relación a los anteriores ejercicios. Al 20 de agosto, ya se habían faenado mucho más vacunos que en el 2001, el de la aftosa, y en un mes más se superará la extracción del 2002.
Respecto al acumulado del año pasado, que fue el récord hasta este momento (para un año sin desastres forrajeros), la faena se ubica en torno a un 9 % superior, comparando iguales períodos.
En las últimas semanas, esa diferencia se amplió, y hoy se está faenando entre un 20 y un 25 % más que en iguales fechas del 2004.
Sin embargo, es probable que estas lluvias moderen el ritmo creciente con que se venía operando —la última semana la faena se había acercado a las 45 mil cabezas, una cifra cuantiosa para esta época—, porque los productores tienden a moderar su oferta en virtud de la mayor disponibilidad forrajera con que esperan contar en breve lapso.