Con los dias contados

| El historietista Eduardo Barreto es uno de los pocos uruguayos que triunfó en el exterior, y llegó a trabajar para editoriales como DC Comics y Marvel.

Estoy absolutamente harto de las películas de superhéroes, no quiero saber nada más". No es el tipo de respuesta que se esperaría de un dibujante de cómic. Sin embargo, Eduardo Barreto no teme ser políticamente incorrecto en sus declaraciones respecto a esta industria, a la que le augura un triste final: "El cómic como se conoce ahora está agotado".

Sin pretensiones proféticas, Barreto opina sobre lo que ve: dibujantes que ahora escriben sus historias pensando en formato cinematográfico, y una serie de éxitos de taquilla que han llevado a que Hollywood se empecinara con este territorio antes inexplorado.

El final que vislumbra parece haberlo esquivado. Recientemente, llegó de la Convención de Comics en San Diego, Estados Unidos, donde presentó una novela gráfica basada en un guión del escritor Michael Chabon, ganador del Pulitzer.

Desde los 26 trabajó para editoriales tales como DC Comics y Marvel, ilustrando personajes como El hombre araña y Batman. Tal currículum es una referencia ineludible para muchos dibujantes uruguayos, que sueñan con conquistar mercados extranjeros y vivir de un oficio que tiene una difícil inserción laboral.

En medio de un escritorio colmado de libros y bocetos, Barreto confiesa entre risas: "Mi rutina de trabajo es un poco caótica". Su informalidad, tal como deja entrever, le impide de ver su caso como algo extraordinario.

— ¿Cómo estableció contacto con el escritor Michael Chabon para realizar la novela gráfica?

— El contacto se realizó entre él y una editorial. En realidad la novela es un "spin off" (derivado) de una novela de Chabon, donde aparece un personaje de historietas para el cual se escribió esta versión.

— Usted mencionó que tiene dos proyectos que podrían ser llevados al cine. ¿Cuáles son las posibilidades de que esto ocurra?

— Creo que una en cien mil. Puede darse, como también puede darse que mañana me de un rayo y me convierta en la Señora Elástico (risas). Lo que pasa es que para los dos últimos trabajos que hice tuve que firmar un contrato con la compañía donde cabe la posibilidad que algún día se lleve al cine, pero eso puede demorar mucho.

— Tras años de trabajar para editoriales de comics norteamericanas, ¿cuál es su percepción de la industria?

— El negocio cambió desde el 2001. Ahora todo el mundo quiere hacer cosas que se puedan llevar al cine. Hollywood está muy agotado en materia de ideas y encontraron este pozo más o menos intocado que eran los comics, y lo van a usar hasta que lo agoten.

— ¿Qué distingue a los comics que son escritos con un formato cinematográfico?

— Tienen una estructura de guión de cine. Los dibujantes de ahora piensan en cómo pueden traducir su historia a una película, y se está perdiendo una de las pocas cualidades que le quedan a los comics: el lenguaje taquigráfico, que permite inmediatez, velocidad. Un buen dibujante hace una historia en cinco páginas, ya que es tan importante lo que ocurre dentro de cada cuadro como el espacio entre medio, donde no está todo dicho y hace que la acción avance. Esa misma historia pensada para cine le lleva a un dibujante cuarenta páginas, ya que necesita describir mucho más.

— ¿Cómo empezó a trabajar para editoriales tales como DC Comics y Marvel?

— La primera editorial norteamericana para la que trabajé fue United Press. Tenía 18 años, y en ese entonces trabajaba también para El Día.

Cuando tenía más o menos 26 años me fui para Estados Unidos tres meses, quería trabajar para una revista de cómic. Tenía la dirección de DC Comics de la portada de una revista, y apenas llegué me presenté. Me acuerdo que uno de los editores, Nick Marshall, me atendió comiendo un refuerzo. Las cosas eran más informales en ese entonces.

También me presenté a Marvel y a Western Publishing, y me fueron llamando. Pero creo que hoy es muchísimo más fácil hacer eso, porque existen otras herramientas como Internet que permiten comunicarse, uno no tiene que ir hasta allá.

— Sin embargo muchos dibujantes uruguayos consideran que el mercado extranjero está agotado y no hay lugar para historietistas extranjeros.

— La mayoría de los dibujantes de allá son extranjeros. Lo que necesitan es ideas, ver algo nuevo. No necesitan a otro que les dibuje Batman, y eso es lo que no entienden. Creo que el que es bueno consigue trabajo.

— ¿Considera que iniciativas tales como Montevideo Comics son buenas para fomentar la industria nacional?

— Fui a Montevideo Comics junto a Eduardo Rizzo, un dibujante argentino que fue invitado y ganó durante tres años consecutivos el premio en la Convención de Comics de San Francisco. Cuando llegamos me dio vergüenza ajena ver que sus dibujos estaban en el piso y había que arrodillarse para mirarlos. Lo último que fue eso es una convención de comics.

En general, el problema es que acá existe la mentalidad de que uno necesita contactos y ciertas amistades para que le vaya bien, y no es así. Al ser un medio chico, existe un complejo de inferioridad enorme. Pero no existe una conspiración mundial para que no salgas adelante. Los obstáculos no son exteriores, como muchos consideran. Hay que ser profesional en todo el sentido de la palabra y trabajar mucho.

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