El título de la hermosa canción de Irving Berlin calza de medida para encabezar la columna de hoy, dedicada a comentar las conclusiones a que arribó un analista del panorama político de América Latina, que no difieren en mucho de la letra del tango "Cambalache", sobre todo cuando Discepolín (ya en 1935) decía: "Hoy resulta que es lo mismo/ ser derecho que traidor/. Ignorante, sabio, chorro/ generoso o estafador..." Si uno vive en la impostura/ y otro roba en su ambición/ da lo mismo que sea cura/ colchonero, rey de bastos/ caradura o polizón".
¡Qué constelación de nenes, Señor mío! Según un artículo aparecido en The New York Times reproducido por El País el 2 de agosto ppdo., los escándalos ocurridos en los últimos años en diversos países del continente americano, podrían cubrir varios tomos de la "Enciclopedia de la corrupción".
El mandamás azteca, Vincent "Century" Fox, se lució con notables superproducciones enriquecidas por un prestigioso "casting" estelar donde se destacan esposa e hijos, que usaron indebidamente donaciones millonarias para ampliar la canasta familiar.
El ex presidente de Costa Rica, Miguel Angel Rodríguez, debió renunciar como Secretario General de la OEA, a raíz de descubrírsele un suculento soborno aceptado con agrado y honor, para otorgar una ilicitación de telefonía celular, salvándose apenas del asesinato que se le había reservado en un carrito celular.
Quien por un tiempo maldito presidiera en Ecuador —Lucio Gutiérrez, lindo nombre para un entreala derecho— está acusado de cometer actos corruptos, cargos que él desmiente mientras, exiliado a Perú, aprende la letra del tango "Araca la cana".
En Perú, precisamente, el primer mandatario soporta un temporal de noche toledana, a causa de una Campaña de Ayuda a la Familia (la propia) de la que ha salido mal regada su hermana Margarita, que se deshoja un poco más cada día en arresto domiciliario.
Arnoldo Alemán —que, a pesar de su apellido, es nicaragüense— gobernó su país durante cinco años, y ahora pasará veinte en la cárcel, donde le sobrará tiempo para ordenar los números de los fondos públicos que destinó a su fondido personal.
El alegre Fernando de la Rúa —que ingresara en la historia como el suegro de Shakira— sigue negando que se haya mezclado en un pago de coimas en el senado con una frase de fervo patriótico con la que busca eludir responsabilidades: "Yo... argentino".
El paraguayo González Macchi, con prolijidad presidencial, desvió ilegalmente 16 millones de dólares de fondos públicos en cuatro años de mandato, distribuyéndolos pulcramente a razón de cuatro millones por año.
De todo lo de Brasil, ya he hablado.
Estos episodios me recuerdan a aquel paisano al que le preguntaron si era cierto lo que se comentaba del intendente de su "poblao", al que se le acusaba de conjugar el verbo afanar en todos los tiempos:
—Y... el hombre no era tan malo (contestó). La prueba está en que nos dejó la intemperie.