MARCELLO FIGUEREDO
Mal que les pese a nuestros izquierdistas, los pioneros en este asunto, como en tantos otros, fueron los imperialistas del norte. Primero en Londres y luego en New York (donde voten lo que voten siguen siendo más demócratas y tolerantes que aquí, no lo duden) florecieron las tiendas en las que se venden artículos sólo para zurdos. En ellas pueden conseguirse tijeras y palos de golf, abrelatas y cuchillos de mesa, sacapuntas y reglas, cuadernos y plumas estilográficas, agendas telefónicas y teclados, sacacorchos y manoplas, navajas y cintas métricas, tazas de café y relojes, cepillos de dientes y hasta necessaires de manicure diseñados especialmente para quienes todo lo hacen con la mano izquierda. La moda, que cundió rápidamente en el mundo anglosajón, dio a luz casas como The Lefty Shop o Anything lefthanded, y más tarde, con la llegada de internet, a sitios web como The Left Hand.com
Pero visto que hay zurdos en los cuatro puntos cardinales, también los latinos tomaron nota del buen negocio, y así se multiplicaron, de Barcelona a Santiago de Chile, de Ciudad de México a Zaragoza, tiendas con nombres tan deliciosos como Zurdolandia, Zurdomanía, Zurdomodo y Zurdoteca. Eso no es todo. Los zurdos han creado clubes a lo largo y ancho del planeta para divertirse entre ellos, tienen una Organización Mundial, que fundaron en Kansas en 1975, y hasta su Día Internacional, que se celebra cada 13 de agosto.
Lamentablemente, ciertas ventajas de la sociedad de consumo no han llegado aún hasta aquí, de modo que los zurdos autóctonos deben lidiar cada día con los mismos utensilios que usan sus privilegiados compatriotas diestros. Lo que sí tenemos, en cambio, son izquierdistas dispuestos a cerrar filas con más pasión que los zurdos de Kansas. Pero de un modo mucho menos civilizado, lamentablemente.
Ignoro con qué mano hacen números, se lavan los dientes o se retocan el bigote los parlamentarios Héctor Tajam, Eduardo Brenta y Alberto Couriel, pero según una información publicada el martes 2 por El Observador (ojo: me consta que según Korzeniak ese diario complota a favor de la derecha), ellos y otros colegas de bancada criticaron duramente al presidente del Banco Central, Walter Cancela, por haber invitado a economistas "de derecha" y "neoliberales" a una mesa redonda que formó parte de las recientes Jornadas Anuales de Economía.
Las críticas fueron despachadas en la reunión de la Agrupación Parlamentaria del Encuentro Progresista celebrada el lunes, donde Couriel dijo no poder entender cómo Cancela había invitado a personas que no tienen nada que ver con la orientación del actual gobierno de izquierda. La diputada Nora Castro también expresó su disgusto, pero cargó las tintas en el hecho de que en las invitaciones a las mentadas jornadas se incluyeran títulos y otras expresiones en inglés. De acuerdo a lo publicado, el vicepresidente de la República quedó encargado de pasarle el reto a Cancela en nombre de los izquierdistas irritados, que por suerte no son todos.
Inspirados en la zurdovisión de ciertos progresistas uruguayos, podríamos crear bibliotecas donde sólo tuvieran cabida escritores de izquierda, hemerotecas donde sólo se coleccionaran diarios de izquierda, liceos donde sólo dieran clase profesores de izquierda, embajadas donde sólo se asignara a personal de izquierda (o a sus hijos), y hasta museos donde sólo se colgaran cuadros pintados por artistas de izquierda (y cuyos directores, por las dudas, sólo fueran de izquierda). Ya que estamos, podríamos ir encargando unas cuantas mesas cuadradas: si en los encuentros académicos que organicen las instituciones estatales, de ahora en más todo el mundo tiene que pensar igual que el gobierno, la cosa ya no va a dar para mesas redondas. Siniestro, absolutamente siniestro.