Las dificultades de accesibilidad de discapacitados también se ven en el interior del país. En Durazno, por ejemplo, se ofrece pocas soluciones. La excepción es el microcentro y sus zonas de adyacencias donde hay rampa. De todas formas no hay adaptación para el transporte público y el deterioro de las veredas dificulta el traslado en silla de ruedas.
Este caso se repite en Paysandú, donde si bien hay adelantos, subsisten importantes carencias. Las veredas en pésimas condiciones, la falta de rampas en la mayoría de las arterias de la ciudad e inexistencia de baños públicos adaptados son algunas de las muchas barreras arquitectónicas que enfrentan los discapacitados.
Lo mismo sucede en los principales estadios deportivos, hoteles y en las iglesias. En La Basílica, por ejemplo, se construyó una rampa para la escalinata pero se olvidaron de un último escalón, que debe ser sorteado para ingresar.
En Florida, en tanto, las barreras arquitectónicas son "gigantes", según Imelda Astengo, directora del Centro Jacobo Civil. Sólo hay cinco rampas, pero la mayoría no sirven por carecer de la inclinación adecuada o porque son demasiado angostas.
Quienes son discapacitados motrices no pueden acceder allí a bancos, comercios, cines ni teatros.
En Rocha, el año pasado la comuna hizo tres rampas, aunque no hay en organismos públicos como Antel o en diversas casas de estudio. Además, ni la propia Intendencia cuenta con el acceso para los discapacitados.
En Fray Bentos, Río Negro, existen rampas en el centro de la ciudad. Allí, cada vez que hay elecciones, los discapacitados se quejan y con razón. Muchas veces no pueden sufragar porque les es imposible acceder a los circuitos.
(Producción: Eduardo González, Víctor H. Rodríguez, Federico Iglesias, Jorge Vittori y Sandra Kanovich)