HAITI fue el primer país latinoamericano en lograr su independencia de las metrópolis, un hecho que debería colocarlo en sitio destacado dentro de este hemisferio. La historia en cambio resolvió ubicar a esa nación caribeña en el último escalón del desamparo, la pobreza y los quebrantos institucionales, por no hablar de la violencia endémica dentro de una sociedad notoriamente destrozada. De hecho, Haití es el país más pobre de todas las Américas, a lo cual deben sumarse los desastres políticos que ha sufrido durante las últimas décadas. De la lóbrega y larga dinastía de los Duvalier pasó a otras inestabilidades y al precario gobierno de Aristide, un régimen que a comienzos del año pasado finalizó con el turbio episodio del exilio de ese mandatario. Después se produjo un vacío de poder que derivó en otras perturbaciones internas, a las cuales procura poner límites una misión estabilizadora de Naciones Unidas (la Minustah) entre cuyas fuerzas figura un batallón de efectivos uruguayos.
ESE cuadro no ha tenido mejorías visibles. Continúan los enfrentamientos callejeros entre facciones armadas, el delito alcanza niveles aterradores y se producen habitualmente muertes y secuestros. En medio de tales ráfagas, una población integrada por 1.200.000 niños se encuentra en particular riesgo de epidemias y muerte, a pesar de la atención que presta al problema la Unicef, que ya consideraba particularmente vulnerables a los niños haitianos antes de que estallara el nuevo conflicto. La representante de Unicef en Haití habla de "una infraestructura social desplomada" en particular en la martirizada ciudad de Gonaives, que sufrió horribles inundaciones encima de todos los males que azotan al país. Esa jerarca agrega que "los servicios literalmente no funcionan, hay continuos apagones y el agua está contaminada incluso a unos 70 metros de profundidad, mientras las prestaciones que debería asegurar el Estado casi no existen".
TODO ello persiste a pesar de que Unicef mantiene abundante personal en esa ciudad norteña de la isla, que "ha sido un hervidero de conflictos políticos desde mediados de la década del 80" a lo que durante largo tiempo se sumaron las pandillas que operaban en el área. Sólo las inundaciones dejaron en Gonaives 3.000 muertos y destrozos millonarios. El destacamento uruguayo, por ejemplo, está asignado al reparto de comida, evacuación de damnificados y atención sanitaria urgente, entre otros servicios humanitarios en que colaboran por cierto tropas de otros países, incluida la Argentina. Pero se señala que "a causa de la inseguridad muchos centros de salud tuvieron que cerrar y lo mismo ocurrió con la mayoría de las escuelas, que fueron atacadas por bandas armadas". A cierta altura la población civil no se atrevía a salir de sus casas, lo cual afectó severamente sus actividades e ingresos, crisis que a su vez afectó a la infancia.
"La política y el delito van de la mano" ha dicho un observador luego de informar que más de mil personas fueron asesinadas a balazos entre setiembre de 2004 y mayo de 2005.
EN ocho de las diez principales ciudades del país las organizaciones armadas han amenazado a los alumnos de primaria para impedir que concurran a las escuelas o que participen de actividades públicas. En todo Haití se supone que hay 300.000 armas ilegales, dato que surge del estudio elaborado por el Grupo Internacional de Crisis con sede en Bruselas. Hay otras estimaciones igualmente temibles: alrededor de 5.000 bebés nacen todos los años con VIH transmitido por sus padres y la mortalidad derivada de la maternidad se encuentra entre las más elevadas del mundo, mientras la desnutrición crónica golpea al 42 por ciento de los niños menores de cinco años y las enfermedades fácilmente curables en otros países matan en Haití al 20 por ciento de los menores de cinco años.
LAS zonas residenciales están amuralladas para proteger a sus habitantes del asedio de la devastada sociedad que las rodea, donde según cifras de Naciones Unidas el 76 por ciento de los haitianos vive con menos de 2 dólares al día y entre esa clase pobre el 55 por ciento sólo dispone de un dólar al día. En las listas elaboradas por ese organismo internacional sobre los grados de riqueza y pobreza de las naciones, Haití ocupa el sitio 153 en un total de 177 países según los cómputos de desarrollo humano. Los haitianos mueren promedialmente a los 50 años.
Demasiado está en juego
El descenso de la calidad de la educación media en nuestro país es evidente. Las causas son múltiples, dentro de un proceso que se inició hace muchas décadas. Cuando el sistema se desentiende totalmente del factor más importante que tiene el proceso educativo en cualquier país, no se puede esperar otro resultado. No es ninguna novedad decir que el cuerpo docente condiciona el nivel de la enseñanza que se imparte. Basta constatar la importancia que se le da en los mejores centros educativos del mundo. Los docentes de Secundaria están pésimamente remunerados. Esta situación ha deteriorado de manera significativa al sistema. Por un lado, se toman personas para impartir clases que no son docentes recibidos. Por otro, los profesores se recargan de horas, procurando mejorar un salario paupérrimo. Muchos salones de clase están en malas condiciones y abarrotados de alumnos, lo que conspira con el normal desarrollo del proceso enseñanza-aprendizaje. A ello se le agrega el creciente nivel de violencia registrado en los liceos de todo el país. Ante este panorama no extraña que los profesores en promedio falten dos de cada diez clases que deben dictar. ¿Cómo se mejora la situación? Es evidente que si no se consigue elevar el nivel docente, la calidad de la enseñanza de nuestro país seguirá descendiendo, lo cual significa poner en serio riesgo el futuro de la nación. Todos los gobiernos que han pasado incluyeron en su retórica la importancia de la educación. Sin embargo, han postergado sistemáticamente aplicar soluciones reales al problema. Mientras ello ocurre, varias generaciones de jóvenes ven seriamente comprometido su futuro intelectual y laboral.