La Policía preparó un plan de contingencia para las movilizaciones callejeras, particularmente enfocado a los escraches. Al cierre de esta edición los ministros José Díaz y Marina Arismendi analizaban estos fenómenos.
El jefe de Policía de Montevideo, Ricardo Bernal, dijo a El País que el plan se concretó tras la reunión que mantuvieron el lunes con la cúpula del Ministerio del Interior. Los uniformados detectaron fallas de procedimiento durante el escrache al ex canciller Juan Carlos Blanco del sábado pasado y el nuevo protocolo de procedimientos busca, precisamente, eliminar estos errores y permitir que se cumpla con el objetivo de mantenimiento del orden público.
"Hay varias fases previstas y también distintas situaciones", explicó Bernal, "no son lo mismo los escraches que estos cortes de tránsito en reclamo del Plan de Emergencia, donde no hay ataques ni hacia los efectivos policiales ni alteraciones del orden".
Los dispositivos policiales se montarán en tres líneas diferenciadas, y los efectivos actuarán privilegiando los mecanismos de diálogo antes que la utilización de recursos represivos. Una primera línea estará conformada por policías uniformados de la Dirección de Seguridad, al mando de un oficial medio que tendrá el cometido de dialogar con los manifestantes. Una segunda línea, ubicada a cierta distancia de la primera, estará conformada por efectivos provistos de cascos, chalecos y escudos protectores. La tercera línea, que permanecerá de retén a mayor distancia, estará conformada por efectivos de Guardia Republicana (Metropolitana y Coraceros), equipos de choque que actuarán para disolver manifestaciones violentas.
TOLERANCIA. Es la palabra clave para las modalidades de procedimientos policiales en relación con las movilizaciones callejeras.
"La primera fase consiste en evitar los congestionamientos de tránsito, para eso se va a buscar canalizarlo buscando caminos alternativos y permitir que las manifestaciones se realicen en forma pacífica", indicó el jefe policial.
"En el caso de los cortes de ruta lo primero, es tratar de atender esa situación, comprender qué tipo de reclamos se hacen y cómo se hacen", señaló Bernal, "en caso de que no se permitiera la circulación del tránsito, la Policía tendría que intervenir. En ese caso, el primer diálogo estará a cargo de un oficial que tratará de que las personas se retiren. Si no lo hacen se aplicará la fuerza, siempre en función de la resistencia, con el criterio de actuar progresivamente, con racionalidad y teniendo en cuenta el carácter de la manifestación, de acuerdo a las directivas que nos dio el gobierno". A los manifestantes se les dará un plazo prudencial para que desalojen los elementos con que cortan el tránsito y pasado el plazo la Policía procederá.
A modo de ejemplo, Bernal imaginó un escenario de resistencia pasiva, del tipo de las sentadas. "En esa situación, habrá que sacarlos en brazos o buscaremos la manera", dijo, "pero lo que vamos a tratar es que no haya contacto cuerpo a cuerpo, llegado el caso se utilizarán gases lacrimógenos o agua".
Luego de cada intervención policial la unidad dará inmediata cuenta a la Justicia, que dispondrá si hay indagatoria o archivo del tema.
La clave para el jefe Bernal es una actuación mesurada. "Hay que mantener la calma en esta situación y no tomar medidas que generen una violencia innecesaria", argumentó.
AUTOCRITICA. La evaluación de los incidentes durante el escrache a Blanco supuso para la Policía el reconocimiento de algunos errores de procedimiento. Sobre esta base el comando de la Jefatura comenzó a instruir a todos los oficiales al mando de unidades bajo los nuevos preceptos en materia de manejo de este tipo de situaciones.
"Les estamos pidiendo, especialmente, el cuidado en no cometer errores, no perder de vista cuál es la misión del dispositivo policial, como en el caso de la rambla (el escrache)", señaló Bernal.
Los incidentes se originaron cuando el oficial al mando del cordón policial se dirigió a dos jóvenes que pintaban un graffiti en un muro. "Fue un error táctico que el oficial saliera de su lugar", reconoció Bernal, "no era su función en ese momento, la misión esencial era no descuidar la protección del domicilio y las personas". También se hallaron errores en el montaje del dispositivo, concretamente en el vallado que los manifestantes lograron desarmar. "Las barreras no estaban atadas entre sí, como debe hacerse en estos casos para que no puedan tirarlas", explicó Bernal.