j. A.
La Institución Teatral El Galpón ha venido organizando durante meses un festival internacional de teatro que podría ocurrir antes de fin de año. El modo condicional que se emplea para aludir al acontecimiento deriva de las inseguridades que a esta altura rodean la iniciativa, porque los organizadores tienen todo el impulso, los contactos internacionales, la confirmación de los elencos invitados y los detalles de programación que corresponden, pero a la fecha no han logrado los apoyos que resultan indispensables para que el proyecto sea viable. Esos apoyos no deben consistir necesariamente en aportes monetarios —aunque tales respaldos son vitales, claro está— sino que pueden ser en cambio canjes por alojamientos o pasajes aéreos, digamos. Sin embargo —con una sola excepción— los responsables del festival sólo han obtenido palabras de estímulo, tanto de organismos públicos como de empresas privadas.
A esta altura vale destacar el costo que suelen tener estas convocatorias internacionales en materia escénica. Cuando se revisan las finanzas de otros festivales (no ya los europeos, sino los de alguna capital latinoamericana como Caracas, Bogotá o Córdoba, por ejemplo) se comprueba que manejan grandes cifras —cifras millonarias en dólares— sin las cuales no es posible reunir a esa concurrencia de orígenes tan variados como remotos ni acompañarla de los correspondientes niveles de coordinación y planificación. En el Uruguay, en cambio, se practican otros esfuerzos y sacrificios, como en casi todo lo demás: desde 1984, las Muestras Internacionales de Teatro de Montevideo que organizaron los críticos teatrales, permitieron —a cambio de desembolsos que en otras latitudes parecerían irrisorios— atraer a esta ciudad a grupos prestigiosos de unos cuantos países, lo cual resultó no sólo fermental para cualquier teatrero o cualquier espectador sensibilizado, sino que enriqueció de muchas maneras al medio local, a su contacto con estilos desacostumbrados, a su conocimiento de talentos consagrados, a sus necesidades de intercambio y a su manejo de puntos de referencia debidamente actualizados.
De la misma manera que en esos casos los críticos sacaron adelante su idea y lo hicieron a pulmón, ahora los organizadores de este festival no exigen contribuciones desmedidas ni apoyos colosales, sino una suma de patrocinios y auspicios que no estarían fuera del alcance de las instituciones convocadas. Pero la respuesta ha sido anémica, por no decir nula, lo cual es doblemente reprochable cuando se trata de organismos oficiales que podrían tener conciencia de lo que debe ser su compromiso con las artes y con el vasto público consumidor que rodea en el caso el duro trajín de las actividades escénicas. Mientras los organizadores dudan de que el festival pueda realizarse en las condiciones en que se encuentran sus gestiones, y aclarando de paso que buena parte de los espectáculos vendrían con el apoyo de sus países de origen, que en algunos casos incluye el pago de pasajes y cachets, vale la pena mencionar los espectáculos (ya confirmados) que ese encuentro traería a Montevideo:
De bestias, criaturas y perras por Artillería Producciones (México), Estrategia de la luz por Azar Teatro (España), Noche de verano lejos de los Andes por Compañía Susana Lastreto (Francia), Doña Rosita la soltera por Teatro del Norte (España), El mar en el bolsillo por Teatro de los Andes (Bolivia), Tres tristes tangos por Teatro Sunil (Suiza), Quién le teme a Tennessee Williams por Teatro Mladinsko (Eslovenia), Enrique IV por Teatro San Martín (Argentina), Intimidad indecente por Compañía Vera Holtz (Brasil), La pasión de Rafael Barrett por Teatro Arlequín (Paraguay), El vuelo del Quijote por Teatro Avante (Estados Unidos), O que diz Molero por Centro de Formación y Demolición del Espectáculo (Brasil), Butterfly, ánima di seta por Balletto dell’Esperia (Italia), Le pont bridge por Princetown Playhouse (Canadá), El día que me quieras por Grupo Actoral 80 (Venezuela), Einstein por Teatro Ictus (Chile), Ciganos por Ponto de Partida (Brasil), Diosas del olvido por Compañía Abrego (España), y Un Moliere imaginario por Grupo Galpao (Brasil).
Al margen de todo ello, en estos días estaba por confirmarse la participación del Teatro Meridional de España y el grupo Tecal de Colombia. El material mencionado y las razones señaladas pueden ser un buen motivo de reflexión para las entidades vinculadas al caso y para el simple lector, de manera de sacar conclusiones sobre los vínculos que en este país se mantienen (o se caen) entre las iniciativas artísticas, los poderes públicos y el resto de la sociedad.