Una obra que parecía interminable

Las crónicas de la prensa argentina aún hoy recrean con cierta malicia la víspera de la gran final, recordando las serenatas que le cantaban de noche los uruguayos a los footballers albicelestes para impedirles dormir en su sede del Hotel Santa Lucía, en la Ciudad Vieja.

El esperado duelo fratricida estaba fijado para el 30 de julio en el Estadio Centenario.

El coliseo futbolístico acababa de inaugurarse a toda prisa el 18 de julio, cinco días después del inicio del campeonato, para el debut de Uruguay ante Perú.

El fallecido periodista Luis Víctor Semino rememoraba el acontecimiento en una crónica del año 1978 que resumimos:

"Acabo de cumplir 74 años y viví aquel Mundial del ’30 como periodista, profesión que aún sigue latente en mí como comentarista de Radio Sport de Montevideo. Pero aquel momento imborrable, lo comencé a vivir en 1929, por la gran angustia que me embargaba, pensando que no se iban a terminar las obras de lo que iba a ser el estadio Centenario. Los temporales de ese año fueron tremendos y ello determinó que no se pudiera trabajar con continuidad. Fue tan grave este problema, que se planteó la posibilidad de solicitar la postergación del certamen... Por suerte, y para alivio de todos los uruguayos, las obras se terminaron el 18 de julio en horas de la mañana y a la tarde, se inauguraba con el debut de Uruguay ante Perú. Si habrá sido de apuro la inauguración, que parte de la tribuna América y el Palco Oficial, no fueron habilitados. Pero como en todo gran acontecimiento, el público desbordó todas las posibilidades previstas e invadió en su totalidad las localidades. Aún hoy, si uno se fija en la parte de la tribuna que da para la Colombes, se verán marcadas en el cemento las huellas que aquellos invasores dejaron estampadas para siempre, junto a frases para la posteridad personal: "Arriba Uruguay"; "Tito ama a Nora"; "Viva yo".

Para el 30 de julio, los problemas edilicios habían quedado de lado para dejar paso a la pasión nacionalista: la gran final entre Uruguay y Argentina.

Horas después, el pueblo llenaba las calles de Montevideo repitiendo la conmovedora escena de dos años atrás, luego del triunfo olímpico en Armsterdam, y de seis años antes, en Colombes.

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