Turismo masoquista

AIJA LULLE

AFP. Letonia, país recientemente incorporado a la Unión Europea, ofrece a los turistas su maravillosa capital, Riga, su naturaleza al orillas del Báltico y la posibilidad de vivir en el universo carcelario de la época soviética.

"Va a ser terrible", advierte Liga Engelman, guía del presidio Karostas de la ciudad de Liepaja, a los turistas entusiastas ante la perspectiva de pasar las vacaciones en la cárcel.

La prisión Karostas estaba destinada a la demolición, pero fue salvada a último momento por los habitantes de Liepaja a fines de la década de 1990.

Engelman pone particular celo en advertir a tan sorprendentes turistas que su vida no será color de rosa detras de las rejas. Por lo demás, los candidatos deben firmar primeramente un documento mediante el cual aceptan sufrir los castigos que les impongan los guardianes del presidio.

Y las vacaciones pueden empezar...

"¡Caminen más rápido, cerdos, no aflojen el paso! Usted, la rubia descolorida, agáchese otras 25 veces", grita un guardián en uniforme soviético, que no da un segundo de respiro a los prisioneros.

La mayoría de ellos hacen lo que los guardianes les ordenan. De lo contrario, corren el riesgo de terminar en un calabozo, completamente aislados, o de tener que limpiar las letrinas.

"Algunos turistas quieren ser maltratados. Desobedecen adrede para eso. Se diría que sienten placer al ser tratados de idiotas o al hacer ejercicios físicos agotadores", declara Andris, uno de los guardianes.

Incluso los que obedecen terminan por en algún momento en el calabozo. En el presidio hay 69 calabozos, estrechos y de paredes completamente negras: otra manera de experimentar una verdadera vida de preso.

Los turistas pueden pasar la noche o el fin de semana entero en la prisión.

El programa nocturno extremo, que obliga a los detenidos a sufrir todo tipo de maltratos de los guardianes, es muy apreciado por los estudiantes.

"El interés de los 3.000 turistas que optan por vivir como presos es extraordinario, por lo que apareció la idea de organizar estadías de una semana", dice Engelmane.

"Los maltratos son ejercicios físicos. Yo he visto eso en las prisiones de verdad, ya que fui policía", dice Karlis, explicando que vino a Karostas porque quería experimentar lo que es estar del otro lado. El maltrato y el encierro no ocupan todo el programa de la estadía. Entre golpes, los turistas aprenden además un poco de historia de Letonia.

"Tratamos de educar a los turistas poniendo la historia de la prisión en un contexto más amplio, empezando por la guerra ruso-japonesa, las condenas a muerte durante la Segunda Guerra Mundial y, más recientemente, la época soviética", señala el guía.

Al terminar la estadía, los turistas reciben un certificado con fotos y que precisa los cargos de que fueron acusados.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar