Héroe uruguayo en accidente aéreo de Miami sueña con residencia legal

| Es de Barros Blancos y tiene 30 años. LLegó a los Estados Unidos en agosto de 2001. Trabaja en una iglesia

LUIS ROUX (DESDE EE.UU.) | LEONEL GARCIA

Desde agosto de 2001 el uruguayo Roberto Colina (30) no ve a su familia. Sin embargo, todos los días llama a su madre desde Fort Lauderdale, donde reside. Ella también es emigrante pero en España. Para ella dedicó el que Colina creyó sería su último pensamiento cuando un avión carguero DC-3 ensayó un aterrizaje de emergencia en la misma calle donde Roberto conducía su Ford Focus en sentido contrario.

Eso fue el lunes 13 de junio a las 15.45 en el estado norteamericano de Florida. Apenas unos minutos antes, Colina había salido de su trabajo en Pompano Beach y se dirigía a su hogar en Fort Lauderlade. Nada hacía suponer a este ex vecino de Barros Blancos que se transformaría en el héroe de la jornada, según los medios de prensa locales.

"Manejaba tranquilamente cuando veo a unas dos cuadras este inmenso pájaro (sic) que venía cayendo hacia mí. Notaba como se ladeaba de un lado a otro hasta que se enderezó justo adonde yo estaba. A una cuadra de distancia tocó el suelo y comenzó a prenderse fuego, no tenía cómo escapar", relató Colina a El País desde Fort Lauderdale. Cuando el carguero terminó su aterrizaje forzoso, la hélice estaba a poco más de dos metros del Ford Focus.

RESCATE. "Todo el mundo comenzó a correr pero yo me quedé allí", siguió Colina con su relato. Cuatro días después, confiesa que apenas puede dormir por las noches. "Hace cuatro años y medio que no veo a mi familia y pude perder la vida en un segundo. Todas los días llamo a mi madre a España, ¿te imaginás que alguien se comunique para avisarle que me aplastó un avión luego de tanto tiempo sin vernos?"

Colina aún no sabe explicar a ciencia cierta porqué prefirió saltar del auto hacia el avión en llamas en vez de salir corriendo. Simplemente dice que para él hubiera sido peor esta última alternativa. "La cabina estaba muy cerca y pude ver que el piloto y el copiloto estaban vivos, ‘colgados’ en la ventana y en peligro de morir quemados. Pensé que si Dios me puso en ese lugar debió haber sido por algo y fui a ayudarlos. Hoy no puedo dormir, pero pienso que hubiera sido peor no haber hecho nada".

El uruguayo se puso al piloto Charles Riggs sobre sus hombros y lo sacó del avión a punto de estallar. Posteriormente hizo lo mismo con el copiloto Charles Wirt. La crónica del Miami Herald señala que otro transeúnte llamado Patrick Owens ayudó en el rescate. Colina apenas puede recordar esos detalles. Los nervios del momento se lo impidieron.

GRATITUD. Además del peligro, había otro motivo que justificaba los nervios de Colina. El uruguayo no tiene papeles, recién piensa tramitarlos ahora que está casado con una norteamericana. "Pero lo cierto es que la Policía me trató bárbaro", indicó.

Los medios de prensa también han sido más que benévolos, sobre todo las publicaciones en español que hablan del "héroe latino" y el "orgullo hispano". Colina está juntando todos los recortes para el futuro encuentro con su madre.

"Your’re a hero, buddy. Thank you (Sos un héroe, amigo. Gracias)", le dijo Riggs al uruguayo, prensa mediante y desde su cama en el hospital, según el diario Miami Herald. No es la misma versión de Colina. "Yo no sentí que me hubieran agradecido. Incluso quise ir a verlos donde estaban internados pero no me dejaron acercar. ¡Mis vecinos norteamericanos están furiosos por eso!", aseguró a El País.

DIFICULTADES. La realidad de Colina en estos cuatro años y medio es similar a la de muchos inmigrantes indocumentados en Estados Unidos. "Llegué con 50 dólares en el bolsillo y sin saber inglés. Muchas veces lo pasé mal, sobre todo extrañé mucho y más en las Fiestas. Eso fue lo más difícil. Varias veces pensé la posibilidad de volver, pero allá (en Uruguay) lo pasé peor", recuerda hoy.

Su primera experiencia laboral en EE.UU. fue en la construcción. Pero un accidente casi le cuesta la vida, en noviembre de 2001. Una rueda donde se enrollaban cables de 320 kilos de peso le cayó encima. Le costó meses su rehabilitación en un hospital.

Desde hace dos años y medio consiguió trabajo realizando tareas de mantenimiento en la Primera Iglesia Presbiteriana de Pompano Beach, donde también funciona un establecimiento educativo. Luego del lunes, ahí lo recibieron como un héroe.

Todavía tiene familiares en Barros Blancos, cerca de Pando. Su madre y otros dos hermanos están en España. Su padre falleció de cáncer casi dos meses después que él volara a Estados Unidos.

Casado el pasado 4 de junio con una ciudadana norteamericana, June, ahora espera tramitar sus papeles. "Después de todo esto, llego a la conclusión que por algo las cosas pasan; creo que Dios me está mandando señales", dijo esperanzado a modo de resumen. Luego de estar a poco más de dos metros de la muerte, disfruta sus quince minutos de fama añorando volver a encontrarse con su familia.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar