Una vez más, el ministro de Ganadería y Agricultura, señor José Mujica, habló en forma descomedida. No sorprende, dados sus antecedentes, pero conviene notarlo. Esta vez, fue a los sindicalistas que reclaman el cumplimiento de la reforma constitucional del agua, a quienes calificó en forma despreciativa. Dijo que son "mongólicos y tarados".
El secretario general del Pit-Cnt, Juan Castillo, dijo que "a Mujica se le va la boca dos por tres. Estamos viviendo su momento. Debe ser la única persona a la que le perdonan cualquier cosa".
En realidad, no se le pueden seguir perdonando estos exabruptos tan inapropiados, especialmente considerando que el señor Mujica ocupa un alto cargo y si no puede serlo, por lo menos debería tratar de ser una figura digna de emular. Claro que Castillo no es el más indicado para señalar excesos del "Pepe". Todos recuerdan el grosero gesto que dedicó a Jorge Batlle al cierre del discurso que pronunció en Punta del Este luego de la marcha.