Hemos vivido un infierno: estuvimos al borde del desastre todos los días

| Después que en la madrugada del viernes el Congreso aceptara su renuncia, el ex mandatario realiza un balance sin tapujos sobre la crisis que sacude Bolivia desde su privilegiada perspectiva de historiador, analista y protagonista

TESTIMONIO. Mesa es un prestigioso analista. Ahora también conoce los hechos de primera mano 200x140
TESTIMONIO. Mesa es un prestigioso analista. Ahora también conoce los hechos de primera mano
AFP

LA PAZ | Jose Vales/EL UNIVERSAL/GDA

Horas después de haber abandonado su cargo como presidente de Bolivia, Carlos Mesa, de 52 años, se deja ver en el living de su casa del barrio de Calacoto. Sonriente, satisfecho "por el deber cumplido de haber evitado lo peor" y por momentos hablando en presente, como si aún no hubiese salido del Palacio Quemado, concedió esta entrevista. A modo de bienvenida, el historiador y periodista, y ahora ex presidente, dice: "hemos vivido un infierno. Al filo del desastre todos los días".

Resulta interesante hablar con Mesa por la sencilla razón de que está dispuesto a comenzar un balance autocrítico. Son pocos los presidentes que, en estos casos, se animan a admitir errores y Mesa se abre a ello. "Yo fui muy ingenuo en creer en la buena fe del Congreso", afirma. Asegura además que cuando presentó su renuncia y cuando pidió la de Hormando Vaca Díez, el presidente del Congreso, "estuvimos al borde de la guerra civil".

—Lo peor pasó, pero a su sucesor le queda un gran incendio por apagar...

—Todavía, sin duda, la situación es muy complicada. Ahora es importante que el Congreso defina un proceso electoral completo y en un período muy corto. Es difícil pero sólo así podremos entrar en la transición.

—Ahora que ya está afuera, ¿por qué piensa que usted no pudo lograr eso?

—Porque intenté poner sobre la mesa todos los temas que caminaban subterráneamente. Propuse que solucionemos todos los temas, como autonomías, racismo, los hidrocarburos, de frente. Mi error, quizá, fue creer que esa transparencia iba a encontrar soluciones, y lo que estaba haciendo era sacar los demonios de la caja.

—¿A usted lo afectó la falta de una base política y de experiencia en su gestión?

—El Congreso pensó siempre que el presidente era su enemigo. Pensaron que al no tener partido yo quería destruirlos. Y eso no era así. Por mi parte, tuve un costo de adecuación a la gestión y a la acción política muy alto. Comencé a entender los recovecos de la política cuando me enfrenté ya a su fuerza y a su descarnada realidad.

—¿Esa experiencia será aprovechada alguna vez como candidato en unas elecciones?

—Es pronto para decirlo, aunque aún las encuestas marcan un respaldo interesante.

—¿Cuáles fueron los momentos más graves de su mandato?

—¡Uyyy! Tengo una colección. Pero sin duda el lunes y el jueves de la semana pasada. Yo vi que estábamos al borde mismo de la guerra civil, pero de verdad. Son los dos días más duros emocionalmente que yo he pasado no sólo de mi gestión, sino de mi vida. A tal punto que el nombramiento de Rodríguez fue uno de los momentos más felices de mi vida porque estábamos salvando al país del desastre.

—¿No cree que Rodríguez será tan rehén de ese Congreso desprestigiado como lo fue usted?

—El presidente tiene una salida que yo no tenía: la de construir un proceso electoral total. La pregunta es si el Congreso nacional el próximo martes va a cambiar la agenda y hacer una ley para acortar su mandato. Si eso se produce el país mirará las cosas de otra manera. Si no se produce la situación que usted define puede ser real. El Parlamento es el primer poder del Estado democrático, y en este país hoy no representa la realidad política del país.

—¿Qué pueden solucionar las elecciones?

—Si surge un gobierno con buen respaldo de votos, el país se puede encauzar. De lo contrario, volveremos a tener problemas. Y ahí estaremos otra vez ante la guerra o una Asamblea Constituyente con los riesgos que eso implica.

—Haciendo un análisis de usted como hombre de Estado me da la sensación que como presidente fue un excelente analista. Entonces, le pediría que haga un somero análisis de qué fue lo que hizo mal y que le faltó hacer.

—Debí intentar un acuerdo político con el Congreso después del referéndum (julio 2004). Creí que se podía producir un proceso de renovación política a partir de la gestión de Gobierno y el resultado no fue bueno. Además, creí en la buena fe del Congreso y eso en política es de una ingenuidad terrible.

—O sea, ¿Usted admite que fue un ingenuo?

—Totalmente.

—¿Le queda algún resquemor contra Evo Morales?

—No. Hemos tenido etapas de mayor cercanía, otras de lejanía, pero no guardo rencores contra nadie.

—Estados Unidos denuncia la intervención de Venezuela en el conflicto boliviano. ¿Le consta esa presencia?

—No tengo —perdón, no tuve mientras estuve en el gobierno—, ningún indicio de intervención. Hay una relación de empatía y respaldo de Chávez a Evo. Eso es evidente y hasta legítimo.

Encuestas

LA PAZ

El líder cocalero Evo Morales sólo obtendría el 6,1% de los votos si las elecciones presidenciales se celebraran ahora, según una encuesta divulgada ayer. Pese a que el sondeo se realizó en cuatro ciudades generalmente opuestas a Morales, éste baja desde un 20% que obtenía hace dos semanas. La encuesta indica que 32,9% de los electores no elegiría a ninguno de los posibles candidatos. Encabeza los resultados el ex mandatario Jorge Quiroga (18,3%), tras el que se encuentran Carlos Mesa (13%) y Morales. AP

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