H. A. T.
La historia de la Metro Goldwyn Mayer, que es inmensa, aparece sintetizada en tres videos que dirigió Frank Martin y que abarcan cinco horas de proyección y ochenta años de cine. La recopilación se titula When the Lion Roars (Cuando ruge el león), manteniendo al animal como su símbolo de costumbre. Para comodidad de aficionados locales, el material es muy ameno y tiene subtítulos en castellano, con adecuadas explicaciones. Pero tiene, sobre todo, fragmentos de películas, documentando en imagen la carrera de sus jefes mayores, que fueron Louis B. Mayer e Irving Thalberg, así como la de sus docenas de estrellas.
La MGM fue fundada en 1924, con la fusión de tres empresas, y acumuló intérpretes durante ochenta años, anunciando que allí había "más estrellas que en el cielo". Sobre sus comienzos, que eran todavía cine mudo, se dejan ver aquí algunos villanos de Lon Chaney, los inicios de Greta Garbo y las poses de John Gilbert, quien tras sus éxitos en El gran desfile y en La viuda alegre pasó a ser el actor mejor pagado de Hollywood. Después viene un torrente de nombres y fragmentos, que por el lado femenino incluye a Helen Hayes, Norma Shearer, Jean Harlow, Joan Crawford, Greer Garson, Katharine Hepburn, Luise Rainer, Myrna Loy, Elizabeth Taylor, Hedy Lamarr y por el masculino a Clark Gable, Spencer Tracy, James Stewart, Lionel Barrymore, Wallace Beery, William Powell, Frank Sinatra, Gene Kelly, Fred Astaire, entre otras famas. La lista no olvida a productores y directores, como Richard Brooks, Vincente Minnelli y Stanley Donen.
Contra lo esperado, la recopilación no es sólo una celebración de glorias sino que incluye sus fragmentos críticos. Hay una zona de elogios a Irving Thalberg (1899-1936) con toda razón, porque fue más visionario, laborioso, modesto y autocrítico que ningún otro jefe de producción en Hollywood, con méritos reconocidos por La familia Barrett, Motín a bordo, Madre Tierra, María Antonieta. Así lo dijeron sus colegas, así lo confirmó la Academia al dar el nombre de Thalberg a sus premios anuales de mejor producción y así lo dice aquí Luise Rainer, ya anciana, en un sentido monólogo. Los elogios a Thalberg se contraponen reiteradamente con las objeciones a Mayer, cuyos criterios de calidad se encuadraban en el entretenimiento familiar, la extravagancia de escenografías para el cine musical (Gran Ziegfeld, Primavera), el cultivo de elementos sentimentales como los animales (la perra Lassie) y especialmente los niños (Jackie Cooper, Freddie Bartholomew, Mickey Rooney, Judy Garland). Lo cual no impidió que tanto Cooper como Bartholomew lo describan después como un tirano, que le liquidó la carrera a John Gilbert hacia 1934 y a Luise Rainer en 1938, cuando ella había pedido mejores papeles y no había ya un Thalberg que la escuchara. Tras ser el ejecutivo mejor pagado del país, Mayer cayó de su puesto en 1951 y falleció en 1957, a los 72 años, cuando comenzaba a romperse la fuerza de las grandes empresas. Sus biografías lo pintan como el mejor hipócrita de Hollywood, por debajo de sus discursos y pronunciamientos sobre la sagrada maternidad y la virtud de la mujer americana.
Hay momentos brillantes en el conjunto. Uno inolvidable es el baile de Gene Kelly con el ratón Jerry (en Leven anclas, 1945), filmado después de que Disney se negó a ceder el ratón Mickey para la escena. También figuran la célebre carrera de cuadrigas en Ben Hur (1959) y un fragmento inédito de Judy Garland en Annie Get Your Gun (1950) que no llegó a ser usado porque la cantante entraba entonces en su declive y fue sustituida por Betty Hutton.
La mejor parte es el largo capítulo de recuerdos sobre el cine musical de la década de 1940, con el mérito reconocido a su frecuente productor Arthur Freed. Fue un momento de gloria, porque en esa época bailaban Fred Astaire, Gene Kelly y Cyd Charisse, mientras las canciones tenían melodías y no habían descendido a las incoherencias del rock. Pero con destacable ecuanimidad, esta celebración de la Metro también incluye las decadencias, como la crisis de 1949 al llegar la TV, los despidos de grandes figuras o la caída de la empresa misma después de 1980, vendiendo accesorios, destruyendo escenografías y rematando parte de sus terrenos. Es una historia agridulce, una nostalgia para cinéfilos y una enseñanza para jóvenes estudiantes de cine.