Más democrático

SE habla desde hace meses sobre la reestructura del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Ese cuerpo ha mantenido durante seis décadas una integración ya insostenible, formado como está por diez miembros rotativos (que cambian cada dos años) y otros cinco permanentes, que son las potencias vencedoras de la segunda guerra mundial —Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China— un quinteto que además de ese privilegio dispone de otro: el poder de veto sobre cualquier iniciativa del organismo. Dicho régimen diferencial logró sobrevivir hasta hoy, pero con el paso del tiempo dejó de reflejar el cuadro de poderes a escala mundial, a medida que alguno de los cinco perdía su viejo rango de gran potencia y algún otro cambiaba su sistema político o su dominio sobre el entorno.

EN todo caso, lo impresentable resulta hoy ese mecanismo aristocrático gracias al cual hay cinco países con asiento perpetuo en el Consejo y además con la ventaja decisiva que supone el veto como palanca de coacción, de manera que las propias autoridades de Naciones Unidas aceptaron —y propusieron— cambiar el panorama y ampliar el Consejo de Seguridad (una suerte de poder ejecutivo de la organización) llevándolo a once miembros permanentes y trece rotativos, con lo cual los quince actuales pasarían a ser veinticuatro, extensión que mejora un poco la democratización de esa estructura, aunque no la perfeccione. El agente principal de ese cambio ha sido el secretario general Kofi Annan, que aspira a formalizar dicha ampliación en el mes de setiembre.

COMO era previsible, hay unos cuantos países que se postulan para los seis cargos permanentes que ofrece la nueva fórmula. Entre esos candidatos figuran cuatro que no sólo parecen indiscutibles sino que cuentan desde ya con cierto apoyo entre los 191 países que integran Naciones Unidas: esos postulantes son la India, Brasil, Alemania y Japón, naciones que no sólo exhiben un papel destacado en el marco internacional sino que tienen un volumen de población, un régimen de libertades y una economía de gran porte, capaces de respaldar esa aspiración. Cuando se produzca la votación de la Asamblea General para confirmar a los nuevos miembros del Consejo, cada candidato deberá obtener 128 votos, es decir los dos tercios de la totalidad de integrantes, por lo cual desde ya esos países han emprendido campañas diplomáticas a nivel mundial a través de sus Embajadas y Consulados.

Lo curioso es que ninguno de esos candidatos cuenta con apoyo de sus vecinos: China y Corea del Sur se oponen a postular a Japón, Argentina y México discrepan con la candidatura brasileña, Italia se opone a la alemana y Pakistán no aprueba la de la India. Pero paradojalmente, los cuatro disponen en cambio del apoyo de países lejanos: Guinea y Ucrania respaldan a Brasil, mientras Vietnam y China apoyan a Alemania.

PERO al margen de esas sumas y restas, hay otras condicionantes que entorpecen el camino de dicho cuarteto hacia los sillones permanentes: una de ellas es la de Estados Unidos, que estaría dispuesto a votar la ampliación del Consejo de Seguridad siempre que los nuevos miembros permanentes no tengan poder de veto. La delegación norteamericana aduce que once miembros con capacidad de veto podrían paralizar al cuerpo, pero otros observadores dicen en cambio que Estados Unidos se niega a diluir el protagonismo que ha mantenido hasta ahora en el organismo mundial.

POR el momento, Japón es el que se ha adelantado en sus estrategias para conquistar votos. En estos días el gobierno llamó a Tokio a más de cien embajadores del país en el exterior, reuniéndolos para concertar medidas al respecto, entre las cuales figurarán "presiones sobre los gobiernos ante los cuales están acreditados esos embajadores, para ensanchar el respaldo" a la candidatura japonesa. Algo similar, aunque menos notorio, están haciendo los otros, mientras surgen nuevos postulantes al futuro Consejo. Entre ellos figuran tres países africanos (Egipto, Nigeria, Sudáfrica) sin olvidar las posibilidades de otras naciones grandes, muy pobladas, desarrolladas e influyentes, desde Indonesia, México o el propio Pakistán, hasta Australia o Canadá.

Cuando llegue el momento de votar, "si los 128 miembros requeridos apoyan a un país y autorizan su ingreso a la lista de lugares permanentes del Consejo, los viejos integrantes de ese cuerpo deberán aceptar la decisión", al cabo de lo cual "cada país tendrá que someter la reforma a su respectivo gobierno, para que éste la acepte", requiriéndose la aprobación de todos, lo cual agrega otra duda que se baraja en los pasillos del organismo: "si la administración Bush, por ejemplo, retiene el tratado sin elevarlo al Senado, podría dejarlo sin efecto". Esa eventualidad depende de la suerte que corran las negociaciones de aquí a setiembre.

Repetidores de engaños

Una información equivocada repetida muchas veces bien puede parecer cierta y eso en parte es lo que ocurre con el transporte urbano capitalino.

De tanto decir que la crisis es por las condiciones económicas que vive el país y que esa es la causa fundamental trasladada al transporte, olvidan estratégicamente de mencionar que todo está planificado igual que en la década del sesenta.

Sí, desde esa época los montevideanos ven cómo 18 de Julio se transformó en la arteria por donde circula la mayor cantidad de líneas y para no competir entre ellas mismas eliminaron el boleto céntrico de menor costo.

Vale repetir que el boleto urbano también dejó de ser diferencial, que eliminaron el boleto obrero y que los ajustes fueron siempre en alza y no tuvieron en cuenta a los sufridos usuarios, sometidos a la falta de higiene y lentitud de las unidades en circulación, que deben penar.

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