Blancos en la oposición

Hoy, el Partido Nacional está en la oposición, sin cargos de especie alguna, con la sola presencia de sus parlamentarios. Ese será el ámbito natural donde la voz del Partido deberá hacerse oír en una oposición leal, como siempre ha sido la del Partido, pero con la severidad con que necesitan encararse los hechos que se consideren fuera de los límites de una correcta actuación gubernamental. Y todo ello sin importar las mayorías que pueblen las bancas.

Es posible que haya —y los hay— varios antecedentes, pues el Partido Nacional ha demostrado su grandeza desde mismo su fundación, allá en 1836 y la sola mención que en un lapso de 93 años nunca estuvo en el poder, alcanza y sobra para encontrar ejemplos.

Entre todos ellos, queremos referirnos a la famosa Minoría Blanca del Año Trece, cuya acción parlamentaria fue decisiva para la derrota del oficialismo el 30 de julio de 1916.

En su libro "Acción Parlamentaria", Luis Alberto de Herrera evoca ese tiempo en un prólogo que tituló "Algunos comentarios", del que tomamos párrafos que hacen a la cuestión y entendemos tienen vigencia en el presente.

"El Partido Nacional acababa de salir de la abstención, tan vistosa, tan seductora para los fáciles radicalismos... Pero siempre subordiné la presencia en el Parlamento de legisladores nacionalistas, ungidos así por el verdadero sufragio, a una condición esencialísima: ellos habían de ir a la Cámara con el propósito irrevocable, férreo, de combatir, sin tregua, al oficialismo... Batallar en la Cámara, hoy; batallar, mañana; batallar siempre, hasta la última hora y el último minuto del mandato popular... Después de cálidas controversias... dignas de ser recordadas hoy con orgullo democrático, pues ellas ofrecen el síntoma auténtico de su gran salud moral, dominó el consejo de quienes optaban por la lucha en el comicio... Todavía desorganizado... el nacionalismo, en obediencia tibia al mandato de sus autoridades, se acercó a las urnas, alcanzando a elegir veinticuatro Diputados..."

Vale recordar que en aquella Legislatura, no había senadores blancos, siendo todas las bancas de la Cámara Alta, ocupadas por representantes del oficialismo.

Precisamente, desde este "... se adoptó actitud desdeñosa frente a la perseverante censura de la bancada opositora. No haciéndonos caso, callaríamos; las palabras se las llevaría el viento y con ellas se irían las inofensivas, platónicas protestas. Pero tan graves, tan desconcertantes y concretos fueron los cargos acumulados por la minoría, que repercutían ellos tanto en la opinión popular... El país entero, aun los descreídos, empezaron a seguir con curiosidad los debates parlamentarios cuyas sonoridades multiplicaba, todas las mañanas, la prensa independiente y, muy especialmente, Diario del Plata... Todo mi interés de ciudadano se limitaba a recoger el eco de la opinión y del hartazgo público... tal y no otra la tarea de tres años (lapso del mandato) inolvidables, llenos de músculos y de acción... Afiebrada la jornada, la minoría nacionalista correspondió a las exigencias de las duras bregas y para todos hubo espacio en la varonil contienda, erizada de dificultades... Frente al arribismo que avanza, honremos al carácter; a la heladez de los que hacen de las causas públicas simple estribo, opongamos el testimonio estremecido de los inmolados en aras de la democracia, de nuestros mártires, de nuestros pensadores sin mancilla, de nuestros épicos caudillos libertadores...". Este prólogo está firmado por Herrera, en "Larrañaga, julio 4 de 1917".

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar