SI algún dirigente blanco quedó dolido tras las elecciones municipales por el mal desempeño que tuvieron sus candidatos, que haga el "mea culpa" de lo ocurrido, pero no elija el camino de la infantil simplificación, para calificar de "desastre" el desempeño del Partido Nacional.
Si alguno pensaba que las cosas iban a ser más fáciles y que lo ocurrido el 31 de octubre era un hecho fortuito, que no tenía más consecuencias que ver al Dr. Tabaré Vázquez como presidente, equivocó su vocación cuando eligió la política. Se olvidó que a los uruguayos nos gusta "el carro de los ganadores".
Y si alguien consideraba que los desaciertos, contradicciones y rispideces de los primeros 60 días de gobierno eran suficientes para abrir los ojos de gran parte de la ciudadanía, es un selenita que nunca pasó por Montevideo y vio cómo una desastrosa gestión de 15 años igual lleva el 60% de los votos.
ESA es la verdad. El 31 de octubre está muy cerca y la parafernalia del 1º de marzo más próxima aún. Pensar que esos cimbronazos no habían llegado al interior y desencadenado un fuerte "efecto de arrastre" no le hace bien a una dirigencia que debe comandar durante cinco años la oposición, frente a un gobierno que —por decisión popular— controla la totalidad del Poder Ejecutivo, la mayoría absoluta del Poder Legislativo y encabeza intendencias que concentran el 78% del Producto Interno Bruto del país. Y a ello puede sumarse, sin temor a error, un poder sindical "compañero" y una enseñanza domesticada desde hace años.
La votación del Partido Nacional el pasado 8 de mayo fue buena. Con excepción de Montevideo —donde se cayó, pese a contar con una excelente propuesta— el respaldo ciudadano a sus candidatos superó en más de 60.000 el número de votos logrados en las municipales de 2000 cuando se ganaron 13 intendencias. En aquella oportunidad fueron 566.243 y ahora se llegó a 627.132, sin contar los observados.
ES verdad que se perdieron intendencias históricas algunas y estratégicas otras. Pero la ventaja fue escasa y el adversario jugó con inteligencia: enterró sin honores su vieja bandera del candidato único y enarboló con entusiasmo la de la multiplicidad de propuestas. Todas las que se puedan, como lo han hecho los denostados partidos tradicionales.
El desplome del Partido Colorado, su responsabilidad como gobierno en la crisis, provocó un enorme corrimiento de votos y estos no fueron para el Partido Nacional —al que se le podría atribuir también una cuota de responsabilidad— sino a la colectividad que había hecho de la oposición su razón de vida.
ACEPTAR que la votación fue buena no significa analizar los motivos de por qué no fue mejor y por qué invariablemente esa pequeña diferencia de votos en los departamentos que se perdieron, jugó para el adversario y no para los blancos. En Maldonado y Paysandú hace años que el Frente ha estado orejeando la victoria; esta vez se le dio con un apoyo masivo de flamantes ministros que recorrieron sin empacho esos departamentos en las últimas semanas. La principal dirigencia blanca ¿hizo lo mismo o dejó que sus candidatos se debatieran en soledad con el apoyo exclusivo de su gestión administrativa?
Treinta y Tres y Florida directamente las regaló el Partido Nacional por desavenencias internas, donde la pequeñez de algunos dirigentes se transformó en onerosa factura para los candidatos.
COMO contrapartida, se mantuvo enhiesta la franja de grandes bastiones blancos y un Soriano, que parecía perdido, resurgió con fiereza de la mano de Guillermo Besozzi. Luego de años se recuperó Río Negro —un departamento que será el epicentro de grandes inversiones y seguro objetivo de una despiadada ofensiva sindical— con la figura de Omar Lafluf.
Y por primera vez en la historia política del país, el "lejano" departamento de Artigas, con los índices de pobreza más altos y la más angustiante situación social, confió su destino en Julio Silveira, un hombre del Partido Nacional. Si histórica fue la votación del Frente Amplio en el interior del país, más histórico fue el triunfo del Partido Nacional en el humilde Artigas, algo que no había logrado ni siquiera en 1958 cuando conquistó 18 departamentos y regresó al gobierno tras casi un siglo de oposición.
CON Canelones que ya se empieza a mover, queda Montevideo, una bolilla permanentemente rifada por los blancos y que es la más importante del punto de vista numérico-electoral. Si no se encara una vez por todas y en serio una gran batalla por la capital, el Partido Nacional podrá recuperar varias intendencias perdidas, será mayoría abrumadora en el interior, pero no alcanzará nuevamente el gobierno nacional.
El 31 de octubre y el 8 de mayo pertenecen al pasado. Nadie puede cambiarlos. En cambio sí se puede construir el futuro, capitalizando la dura lección de los errores y extendiendo la lista de aciertos, que no son menores.
Base en la Antártida
Días pasados planteamos nuestra preocupación ante la posibilidad de que Uruguay perdiera la base en la Antártida. Cifras manejadas en la prensa, daban la impresión de que era grave la situación nacional en un Continente que ya ha sido aprovechado del punto de vista científico y que tiene grandes posibilidades de futuro, debido a sus yacimientos.
Se nos ha hecho saber que la situación no reviste la gravedad que se le atribuyó en primera instancia. Afortunadamente, no existe la profunda crisis financiera que estimamos real. Nos congratulamos de ello y por lo tanto cabe esperar que continuarán desarrollándose los proyectos científicos ya planificados y se mantendrá el turismo hacia zonas vecinas al Polo Sur.