Masoller y después

Las elecciones municipales son historia. El resultado no amerita demasiados comentarios. Al resultado nacional se suma el municipal y con lo sucedido a la vista, es claro que el frente de izquierda, ha logrado un éxito que políticamente le convierte en dueño del país.

Como nacionalistas y hombres de partido sólo nos cabe saludar el esfuerzo correligionario de aquellos dirigentes que han alcanzado la victoria departamental y de quienes con decisión y entrega incondicional, en toda la república lucharon por imponer nuestra divisa al porvenir. Son tiempos de reagrupar las fuerzas con la convicción de las razones fundamentales que nos hacen sentir blancos y nacionalistas. Entre las que revista —y no es cosa menor— la reafirmación de la democracia, a la que el Partido Nacional con temple mártir y militancia ha sabido servir en todas las horas.

En 1967, luego de votar la reforma naranja que puso fin al Poder Ejecutivo colegiado y estableció el sistema unipersonal de gobierno que nos rige, en lo que para quien suscribe era su primera elección, recuerdo que tras el triunfo del general Gestido, en los corredores de las casas partidarias, se decía "quedamos como después de Masoller". Evocando a la gesta revolucionaria, que culminó con la derrota y muerte de Aparicio Saravia. La expresión apuntaba a que las circunstancias llevaban una vez más al Partido al llano.

Desde este punto de vista, más allá de las intendencias ganadas que contarán con dirigentes nacionalistas a su frente, en las páginas de la historia a escribir en lo inmediato, resalta la responsabilidad cívica de tutelar los derechos fundamentales de la ciudadanía, ante la concentración de poder, sabiendo que rige la máxima de Lord Acton que dice que "el poder siempre corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente".

El resultado que está a la vista es de una contundencia que exime de mayores comentarios. Buscar explicaciones o chivos expiatorios es inconducente. Reiniciar la acción republicana con austeridad y gesto humilde, con la oreja puesta en el pecho de la gente, debe ser renovada consigna.

Hoy se escuchan comentarios de todo tipo y parecería que ante las evidencias hay que eludir interpretaciones forzadas de los hechos. El Partido Colorado, más allá de un relativo revivir en Montevideo, ha confirmado su prácticamente desaparición a nivel nacional, obteniendo sólo la intendencia del departamento de Rivera (consecuente con las peleas intestinas del nacionalismo que sellaron su suerte electoral). La nueva realidad política, está lejos de los deseos que a uno le animan. Lo está porque en la raíz del frentismo se ubican ideas y actitudes ante la vida que distan largamente de las que han inspirado en todas las jornadas al sentimiento liberal y nacionalista, que es numen del quehacer que mueve a los blancos.

Las circunstancias —por otra parte— se insertan en una América latina, en la que se viene dando un fenómeno al que los observadores califican como "asambleísmo". En el cual, las instituciones parlamentarias ceden espacio a movilizaciones populares, que eluden al cauce institucional y apuntan en un sentido imprevisible. Llámese Bolivia, Ecuador, Venezuela o Argentina.

En nuestro país, laudado el tema electoral por los próximos tres o cuatro años, con una realidad económica que no permite demasiadas especulaciones, que hará que agotados fuegos artificiales hoy encendidos, todos los orientales nos demos un baño de realidad, de lo que se trata es de conservar la institucionalidad democrática y apuntar a lograr inversiones y crecimiento económico sostenido. Es prosaico, y obvio pero es lo único que puede permitir un día mejor.

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