LONDRES
El primer ministro británico Tony Blair se enfrentó ayer en la Cámara de los Comunes a los diputados rebeldes de su Partido Laborista que llaman a su renuncia, al tiempo que sus fieles salieron a su defensa.
El Primer Ministro laborista, que el jueves pasado obtuvo una histórica tercera victoria electoral consecutiva, fue aplaudido y ovacionado durante 20 segundos a su llegada a la primera reunión de la nueva Cámara de Diputados.
En la reunión con los laboristas, que fue a puerta cerrada, Blair, que empieza a sus 52 años un tercer mandato, desechó cualquier duda sobre su autoridad, indicaron fuentes leales al Primer Ministro, al término de ese encuentro.
"Los críticos fueron derrotados", aseguró un responsable laborista, refiriéndose a varios diputados, y a algunos ex ministros que han llamado a Blair a que dimita antes del fin de su mandato, tras los resultados electorales que dieron a ese Partido una mayoría considerablemente reducida.
Varios diputados laboristas, entre ellos Bob Marshall-Andrews, han indicado que consideran que Blair se ha convertido en un verdadero "lastre" para los laboristas, en vez de un punto a su favor, debido principalmente a su decisión de invadir Irak junto con las fuerzas militares estadounidenses.
Le han reclamado por ello al Primer Ministro que abandone su cargo de jefe de Gobierno antes de las próximas elecciones locales del próximo año.
Blair anunció en la apertura de la campaña, el 5 de abril, que las elecciones del 5 de mayo serían sus últimas, pero insistió en que prevé cumplir con su mandato hasta el final.
Pero tras los resultados electorales, dirigentes laboristas empezaron a decir abiertamente que preferirían ver al ministro de Finanzas Gordon Brown en el cargo de Blair, cuya popularidad fue seriamente afectada por la polémica sobre Irak. ANSA