Un especial recital de resultado casi óptimo

CRITICA/FERNANDO MANFREDI

Los recitales promovidos por el portal Klassicaa.com se han convertido en una bienvenida costumbre. En especial durante el presente año al verificarse la mudanza de estos espectáculos desde la Vaz Ferreira al Teatro Solís. Se nota un cuidado en la elección de las figuras tanto nacionales como extranjeras, así como una selección de obras que apela a transitar caminos no tan trillados. En ese sentido este emprendimiento de un Festival de piano que mes a mes presentará a un destacado tecladista es una de las buenas iniciativas que importa destacar y por supuesto apoyar.

El pasado lunes 9 se presentó dentro del festival de Klassicaa el pianista francés Bertrand Giraud; llegaba precedido de importantes críticas así como de una serie de premiaciones y cursos que por lo menos garantizaban un buen desempeño. Es en este sentido que efectivamente el artista visitante cumplió con las expectativas y demostró desde la primera hasta la última nota que posee una formación impecable. Su digitación es precisa, los matices justos y obedecen con precisión lo indicado en cada partitura. Trasunta seguridad y confianza en sus medios expresivos al punto de que todo parece transcurrir con naturalidad. Es claro que toda esta eficiencia está cimentada en un trabajo concienzudo y tenaz fruto de una formación calificada. Se recuerda que es egresado del Conservatorio de París y en Génova estudió con el celebre Dominique Merlet. Podría suponerse entonces que quien posee estos atributos se encuentra en libertad de poder lograr la máxima capacidad expresiva, volcando en cada interpretación el fuego interior que caracteriza las creaciones que le tocan en suerte. Esto no es así en el caso particular de esta etapa de Giraud. Pese a la calidad de su trabajo todo parece sonar quirúrgicamente aséptico y eso hace que muchas veces el oyente no acierte a precisarlo pero sienta que "faltó algo".

A despecho de esos detalles que en la evolución del artista es claro que serán superados sólo el programa ya era un argumento para asistir al concierto. Hacía ya bastante tiempo que esa piezas fundamentales de Liszt como son las 3 piezas para piano Sonetos del Petrarca I y el Estudio Trascendental Nro.11 no se escuchaban en los escenarios uruguayos. Ni que decir de la Sonata Nro.3 en fa menor Op.5 de Brahms una obra fundamental por su trascendencia y austera en su concepción que tal vez, junto a los Tres Preludios de Debussy fue uno de los momentos en que Giraud logró liberar por lo menos en parte ese algo que las partituras ofrecen cuando se las filtra con la propia interioridad.

De cualquier manera su escuela es la de un sonido claro y diáfano que constituye por sí misma todo un placer para el escucha, sus tiempos son precisos y casi metronómicos y existe un perfecto balance entre ambas manos.

Se trató en suma de un muy buen recital que por otra parte, en un hecho no muy común en nuestras salas de concierto contó con una puesta en escena que visualmente resultó efectiva y complementaria de la parte musical. El responsable del diseño lumínico que acompañó el espectáculo fue Norberto Chozas. Un público muy atento aunque numéricamente escaso acompañó el recital y promovió que al final en un fuera de programa Bertrand Giraud interpretara un nocturno de Chopin en el que lució su depurada técnica y un atendible sentido de los matices.

Recital del pianista Bertrand Giraud

Obras. Liszt, Debussy y Brahms

Sala.Teatro Solís

Lunes 9 de mayo

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