Más espectadores fuera de salas

| La falta de películas que sacudan la taquilla es la principal causa del descenso

EN ACCION. Tom Cruise en medio del asedio extraterrestre: una escena de "La guerra de los mundos", de Steven Spielberg, con estreno previsto para fines de junio. 200x131
EN ACCION. Tom Cruise en medio del asedio extraterrestre: una escena de "La guerra de los mundos", de Steven Spielberg, con estreno previsto para fines de junio.

Hollywood está nervioso. En lo que va del año 2005, las taquillas norteamericanas han registrado un descenso del ocho por ciento en sus ingresos con respecto al mismo período del año pasado, y los más pesimistas temen que no haya a la vista demasiadas películas capaces de revertir la situación. La luz amarilla se encendió el pasado fin de semana con la recaudación de Cruzada, el espectacular film épico de Ridley Scott que se puede ver también en Montevideo, que costó ciento treinta millones de dólares y cosechó apenas veinte en sus primeros tres días de exhibición en los Estados Unidos.

Se han propuesto varias explicaciones para el fenómeno, comenzando por el dato de que este año no ha habido todavía una película que genere la controversia y hasta atraiga a públicos que habitualmente no van al cine, como sucedió en el 2004 con La pasión de Cristo. Pero eso es en todo caso lo puntual.

Hay circunstancias más generales, y la más importante de ellas puede ser la creciente proliferación del DVD, formato en el que una película aparece pocas semanas después de su estreno. Los instrumentos de consumo doméstico de las películas mejoran constantemente, y fomentan probablemente la deserción del público de las salas. Como lo observa Paul Dergarabedian, uno de los principales expertos norteamericanos en análisis de taquilla, "la difusión en las casas de pantallas de televisión de alta calidad, cristales líquidos o plasma, y de grandes dimensiones, con sistemas de audio cada vez más sofisticados, induce a los estadounidenses a ver las películas en casa, esperando la salida en DVD". Para la industria no es un problema (lo es, en cambio, la piratería), pero los gerentes de las salas tienen motivos para preocuparse.

Los más optimistas prefieren creer empero que se trata de un fenómeno pasajero, debido a que ninguno de los films estrenados hasta ahora mostraron potencial para un Oscar o por lo menos para grandes recaudaciones. Según algunos observadores, lo que perjudicó a Cruzada tiene que ver acaso con cierto hastío por parte del público con respecto al género épico que el mismo Ridley Scott resucitó hace cinco años con Gladiador y que hoy estaría dando muestras de agotamiento: más allá de su disparidad de calidades y ambiciones, ni la Troya de Wolfgang Petersen ni el Alexander de Oliver Stone obtuvieron los resultados esperados, y peor les fue a otros empeños como Rey Arturo o El Alamo. Todo indica que Señor de los anillos hay uno solo, o en todo caso tres.

ESPERANZAS. Pero si la última entrega épica de Ridley Scott no se ha comportado como sus productores esperaban, la industria aguarda con expectativa la salida del capítulo final de Star Wars, que se estrenará el 19 de mayo. Ya hay gente acampando frente a las salas en las que el film de Lucas habrá de estrenarse, y no es difícil vaticinar que va a constituir uno de los récords de taquilla del año.

Otra apuesta fuerte del negocio, anunciada para fines de junio, es la nueva versión de La guerra de los mundos, dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Tom Cruise. La invasión de marcianos imaginada hace más de un siglo por Herbert George Wells vuelve de la mano de un narrador solvente, con un tema que se inscribe claramente en las preferencias de ese narrador, y el envoltorio de efectos especiales del caso.

La empresa DreamWorks de Spielberg y socios, responsable de la exitosa serie del ogro Shrek, anuncia también para fines de mayo el lanzamiento norteamericano de Madagascar, nueva aventura animada en la que Ben Stiller y Chris Rock aportan las voces de dos animales, un león y un burro que escapan del zoológico del Parque Central de Nueva York para terminar en una isla lejana.

La fantasía adolescente de Tim Burton, con sus puntas de crueldad, puede sentirse muy a gusto con Charlie and the Chocolate Factory, cuento para niños inteligentes basado en un relato del Roald Dahl, con el siempre confiable Johnny Depp (cómplice frecuente de Burton) y Helena Bonham Carter.

Tampoco faltan por supuesto las propuestas basadas en cómics populares: la más esperada, también para junio, es seguramente Batman inicia, un retorno a la leyenda del Señor de la Noche, esta vez encarnado por Christian Bale. Es también inminente el lanzamiento de una versión fílmica del equipo de superhéroes Los cuatro fantásticos.

La industria pone igualmente sus esperanzas en títulos dirigidos al público familiar como la versión para pantalla grande de la vieja serie Hechizada, con Nicole Kidman en el papel de la brujita Samantha que antes hiciera Elizabeth Montgomery. Por su parte, el director Ron Howard (Apolo 13, Un horizonte lejano) volvió a reunirse con el actor Russell Crowe (a quien ya dirigiera en Una mente brillante) para hacer el drama sobre boxeo Cinderella Man, que saldrá también en junio.

Uno de los rubros que está funcionando bien en la taquilla es el terror, y en esa línea se estaría ubicando Dark Water, film realizado en Hollywood por el brasileño Walter Salles (Estación Central, Diario de motocicleta), que se inscribe en la tendencia de "occidentalizar" historias fantásticas japonesas que el cine norteamericano inició con La llamada. El asunto, protagonizado por Jennifer Connelly, tiene que ver con una madre y una hija que se mudan a un edificio de apartamentos y son acosadas por el espectro de un residente anterior. Todos esos títulos y varios más sugieren que en realidad la temporada cinematográfica norteamericana recién comienza, y que habrá novedades.

Uruguay no es una excepción a lo que está ocurriendo

La falta de "películas tanque", capaces de sacudir a las boleterías de las salas, es la principal causa a la que apuntan ejecutivos del negocio cinematográfico en Uruguay a la hora de buscar explicaciones a la caída en la venta de entradas. Gervasio Reyes, que actúa tanto en Censa Video como en MovieCenter, sostiene que en la región la pérdida de espectadores ha llegado al 23% de un año para otro. "Hablar en términos de recaudación puede ser equívoco, porque los precios de un año a otro son diferentes", afirma Reyes, convencido de que "nuestra moneda son los espectadores".

Hay veces que una película hace la diferencia, sobre todo cuando se llama El señor de los anillos que durante tres años estuvo impulsando las recaudaciones en todo el mundo y que el año pasado ya no lo hizo. "Son films que bancan uno o dos meses del año y eso después se nota", dice Reyes, para quien el desplazamiento de espectadores hacia el DVD no sirve para explicar la retracción de espectadores. "Son nichos diferentes, se conectan pero no sé si llegan a definir una situación de este tipo". En este punto, el análisis de Reyes parece no coincidir con el de algunos especialistas estadounidenses (ver nota central).

En la perspectiva del empresario uruguayo, lo global del problema no deja lugar a dudas, porque la caída se registra tanto en Estados Unidos como en Europa, en Argentina y en Uruguay. En palabras suyas: "hace unos meses estabamos preocupados por el tema, pero ahora sabemos que va más allá de lo nuestro". De ahí que algunas empresas (MovieCenter, Grupocine) hayan tomado medidas reactivas, bajando los precios de las entradas los días miércoles, pero a sabiendas de que se trata de algo puntual y por ende transitorio.

No menos globales son los cambios que se vienen operando en las estrategias publicitarias que emergen para los nuevos films. La empresa Disney, por ejemplo, decidió hacer un pequeño adelanto de la primera Crónica de Narnia el pasado fin de semana, en treinta y dos países (incluyendo Uruguay), iniciando una campaña que estará colgando anuncios de poco texto hasta fines de diciembre, fecha prevista para su estreno. También en Cannes se habla de un cambio estratégico en las conductas publicitarias, imprescindible para proteger al otro cine, el de los autores, que muchas veces es afectado por los "tanques" de Hollywood.

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