EDUARDO BARRENECHE
Un relevamiento primario realizado por la Dirección de Seguridad en la Ciudad Vieja detectó una batería de problemas en el barrio.
Identificó a unos 30 menores infractores que asuelan la "movida nocturna" y encontró unos 50 familias viviendo en fincas ruinosas en las que sus ocupantes están colgados a las líneas de UTE y Antel. En algunas de esas casas se hallaron hasta quince familias en un mismo predio.
La Policía cree que en estos territorios hacinados residen delincuentes que por estas horas desaparecieron del barrio ante la encuesta casa por casa llevada a cabo por la Seccional 1era.
La mayoría de estas viviendas se ubican en las calles 25 de Mayo, Paraná, Piedras y Treinta y Tres.
Otro de los problemas verificados son los 200 peruanos viviendo en casas ruinosas, la mayoría de ellos en condiciones irregulares.
Los policías descubrieron que una casona ruinosa y a punto de derrumbarse, ubicada sobre la calle Treinta y Tres, es utilizada por la noche por delincuentes para huir de la Policía y esconder armas o objetos hurtados.
La encuesta policial, que se realiza casa por casa de la Ciudad Vieja, fue planificada por el comisario de la Seccional 1era., Carlos Silva, tras una orden del Comando de la Dirección de Seguridad.
La respuesta a la recolección de información es voluntaria. Este ejercicio comenzó luego que los comerciantes y propietarios de negocios nocturnos se quejaran de los reiterados hurtos a los visitantes del barrio colonial.
La Dirección de Seguridad ha realizado contactos con otras instituciones públicas para buscar una solución al problema habitacional de las personas que viven en esas casas precarias, ya que varias de estas viviendas están prácticamente en ruinas y hay peligro de derrumbe.
FUGAS. Los edificios abandonados y ruinosos de la Ciudad Vieja y la acción delictiva de muchos de sus moradores, son la contracara del auge comercial y gastronómico de la Ciudad Vieja.
Durante el día, unas 80.000 personas frecuentan la "city". Al caer la noche de un día laborable, solo 15 mil personas pernoctan en ese barrio. En las nueve manzanas que abarca la zona nocturna de los fines de semana, hay 52 locales entre pubs, restaurantes y discotecas.
El arribo de los cruceros o la "movida" de los pubs y boliches, se ve empañada, en parte, por el accionar de quienes aprovechan la situación, adultos y menores, para robar a los turistas o visitantes.
Alrededor de 30 niños y adolescentes, que habitan en estas casas en ruinas, ingresan, cada dos días y en forma repetida, en la Seccional 1era. por arrebatos o pequeños hurtos.
Estos menores nunca fueron apresados in fraganti delito, aunque en algunas ocasiones fueron reconocidos o se los atrapó con efectos personales de las víctimas.
Son internados en el Instituto de la Niñez y la Adolescencia del Uruguay (ex Iname) y, algunos de ellos, se fugan y regresan al barrio el mismo día de su detención, según informaron fuentes policiales.
PESCA. El relevamiento de la Dirección de Seguridad constató la existencia de 36 familias peruanas en la zona. Estos núcleos familiares llegan a totalizar unas 200 personas. Todos viven en fincas en ruinas.
Según la Policía, muchos de esos ciudadanos se encuentran ilegales, utilizan en forma ilícita los bornes de Antel o realizan maniobras con teléfonos monederos para hacer llamadas de larga distancia. Los funcionarios policiales también detectaron que estos ciudadanos andinos obtenían una línea telefónica y, durante dos meses, llamaban sin límite alguno, ellos y sus allegados, al Perú. Al llegar la segunda factura, Antel corta el suministro. Pero otro peruano repite la "operación" a los pocos días.
Al margen de estas situaciones irregulares, son muchos también los ciudadanos peruanos de la zona que trabajan en distintas empresas. Es habitual que se embarquen en pesqueros, estando varios meses en alta mar. También muchos se enrolan en el sector servicios, especialmente en el área del trabajo doméstico, aunque los ingresos que obtienen por su trabajo no son suficientes para alcanzar viviendas de mejor calidad.
Encuesta a menores
El Instituto del Niño y del Adolescente (Inau) junto a varias Ongs y con apoyo de los comerciantes de la Ciudad Vieja realizó un reconocimiento de los menores de edad que recorren la movida nocturna con vistas a darles alojamiento y comida en algún hogar de la zona. "Hay niños desde seis a los quince años, pero si bien los más pequeños preocupan porque están hasta el amanecer pidiendo limosna, los más problemáticos; que roban cosas de las mesas y han rotos vidrieras, tienen entre 14 y 16 años", explicó Domínguez
Sin embargo el problema no es de fácil solución ya que los funcionarios del Inau no pueden llevar a los niños al hogar si no es con la voluntad de estos.