Vos empresaria? Mirá que sos mentirosa, si no tenés para comer...". Eso le dijo un residente de la Ciudad Vieja a su vecina. Se resistía a creer lo que Mirna Martins, de 65 años, con ocho hijos y 11 nietos, le contaba.
Pues sí, efectivamente, Mirna se había convertido en empresaria. Junto a otras diez mujeres de la Ciudad Vieja, es parte de una sociedad de hecho dedicada a vender camisetas estampadas. Sus clientes son, entre otros, los turistas que bajan de los cruceros.
El grupo, que se llama Mujeres Urbanas y tiene un puesto en el Mercado del Puerto y otro en la Plaza Matriz, es el resultado de un largo trabajo.
ESCUELITA. Todo empezó en un lugar llamado "La escuelita", ubicada en Guaraní y Buenos Aires, un programa del Instituto del Niño y Adolescente (INAU) dedicado desde hace más de 10 años a trabajar con niños del barrio que están "en situación de calle". Los técnicos llegaron a una conclusión: "La gente carenciada está harta que, una y otra vez, la hagan hablar de sus dificultades. Lo que quieren es un espacio placentero, más para disfrutar que para hablar de sus problemas", explicó Lucía Pierri, directora de "La escuelita".
DISFRUTAR Y TRABAJAR. Muriel Presno y Magela Olivera, que forman parte del equipo técnico de "La escuelita" cuentan que, con esto en mente, se conformó un grupo de madres, abuelas y tías que empezó a reunirse en un salón de "La escuelita". Así, junto a las educadoras del programa fueron al teatro, experiencia inédita para algunas, al cine, a boliches, y de campamento a lugares como Valizas, Minas y Punta Negra. De allí surgió la necesidad de generar una nueva forma de trabajo para todas.
EN CAMISETA. A mediados del año pasado, "La escuelita" logró que dos emprendimientos privados, Luncheon Tickets y el estudio jurídico Guyer, apoyaran económicamente una vieja idea: crear con este grupo de mujeres un empresa propia. Así tomó vida el proyecto "Ciudad vieja en la camiseta". Las mujeres del grupo de golpe se vieron en luminosas y modernas oficina escuchando hablar sobre administración, libros contables, marketing, cuentas bancarias y gestión de la empresa. Una vez capacitadas para la administración, se pusieron en marcha: compraron camisetas que estamparon con ilustraciones del diseñador Diego López e instalaron dos puestos de venta. Y empezaron a vender. Todas trabajan la misma cantidad de horas, atienden los puestos y se reparten las ganancias por igual. Este año están haciendo un curso de serigrafía de seis meses para estampar ellas mismas las camisetas y así mejorar el margen de utilidad de cada venta. Tanto las integrantes de Mujeres Urbanas como el equipo de "La escuelita" dicen que lo más importante es que el producto que ofrecen, las camisetas, las tazas y lo que vendrá, es de buena calidad. Y que tener un ingreso propio y sentirse empresarias las reconforta para enfrentar sus problemas. "Aunque esto surge de un programa social no va dirigido al mercado de la lástima sin al mercado real, al mercado selvático", dice Lucía Pierri. Mientras que Ethel Fernández, de 34 años y con cinco hijos, apunta que: "Con esto me siento más segura como jefa de familia. He aprendido mucho y hacer esto me hace sentir bien. Tuve que salir a lucharla y estoy contenta de luchar con algo que me gusta y que a mis hijos les hace bien verlo". Tienen viento en la camiseta.
Evolución
2000. Se pone más énfasis en el trabajo con las familias de los "niños en situación de calle".
2002. Convocan a los "referentes adultos" de los niños para hablar de los temas de su interés.
2004. Las mujeres plantean vivamente la necesidad de un trabajo. "La escuelita" plantea hacer y vender camisetas de buena calidad en la Ciudad Vieja. Luncheon Tickets y el estudio Guyer apoyan la iniciativa y en setiembre empiezan a venderse camisetas.
2005. Las Mujeres Urbanas empiezan a estudiar serigrafía. Ahora estamparán ellas mismas las camisetas.
Un mundo nuevo para descubrir
Las integrantes del grupo "Mujeres Urbanas", formado dentro de las actividades de "La escuelita" de Ciudad Vieja, empezaron juntándose tímidamente para intercambiar ideas y terminaron formando una empresa.
En la reuniones que tenían, apoyadas por el equipo de "La escuelita", pasaron de hablar de los problemas económicos y las carencias materiales que tenían para compartir, también, las cosas que tenían ganas de hacer.
Surgieron actividades que, hasta ese momento, les resultaban remotas o cosa de otros. De a poco fueron descubriendo nuevos mundos. Que estaban en este.
Hacia ellos decidieron ir. Por ejemplo a Valizas, donde tuvieron el campamento más recordado. Al llegar, se maravillaron con las dunas y la línea de la costa que se perdía en el horizonte. "¿Hasta dónde llega la costa?", "¿Dónde empieza Brasil?", eran algunas de la preguntas que surgían ante el nuevo escenario.
También sintieron nuevas emociones cuando empezaron a ir a las oficinas de Luncheon Tickets y del Estudio Guyer a capacitarse en la formación y gestión de una empresa. Mujeres que al principio tenían miedo de salir de la Ciudad Vieja, se vieron rodeadas de profesionales que les daban clase. "Al principio costó, pero nos dimos cuenta que son igual que nosotros. Con un poco más de plata nomás... Ahora tenemos la cabeza de otra manera, estamos mejor con nosotras mismas y podemos encarar con más fuerza los problemas que tenemos" dijo una de la integrantes de Mujeres Urbanas.
Ahora hacen números para ofrecer nuevos productos.