Presupuesto nacional

Cada cinco años tenemos la oportunidad de repensar el futuro nacional, planificarlo con sentido trascendente y definir por dónde y cómo transitaremos los próximos años. Es el período en que se esboza y decide el presupuesto nacional de los gobiernos que se inician. Son los cuatro o cinco meses que ahora tenemos por delante. En su elaboración se trasluce qué país y sociedad tendremos, y los medios que se utilizarán para alcanzarlos.

La importancia de la ocasión trasciende los tiempos gubernamentales y se proyectan, según sean las opciones que se hagan, por décadas. Por ello la ocasión debe ser asumida con gran responsabilidad y ponderación, pero también con máxima imaginación y creatividad para que logremos construir una nación desarrollada y próspera que distribuya sus riquezas entre y para todos los ciudadanos.

La agenda del presupuesto se maneja por instituciones, ya sean éstas ministeriales u otros organismos del Estado. Una característica que se ha repetido es que se plantee, se piense, se discuta, se defina y se vote por sectores. En realidad el llamado presupuesto nacional ha sido, hasta ahora, una suma de presupuestos institucionales independientes más que un presupuesto nacional integrado y coordinado. Y ello por tradición, por génesis y por idiosincrasia institucional que contamina rápidamente a los jerarcas de turno.

Por tradición porque se siguen modelos establecidos hace décadas; por génesis porque se plantean presupuestos sectoriales, repitiendo los mismos errores o desvíos quinquenio a quinquenio, consolidando esa idiosincrasia institucional a la que hacemos referencia. Sólo así podemos concebir las enormes diferencias entre retribuciones de similares funciones de distintos organismos, o la valoración positiva que se hace de ciertas actividades laborales y la inercial subvaloración negativa que se hace de otras, como son por ejemplo los maestros, policías y funcionarios de salud pública.

Mientras el presupuesto nacional siga el camino de la colcha de retazos el país dejará por el camino la esperanza de crecer armónicamente. Mientras se acepten presiones sectoriales corporativas y no se piense en la armónica unidad nacional seguiremos postergando el desarrollo integral nacional.

Hoy, como ayer, el camino fácil es seguir el trillo e insistir en el error de conformar a los muchos que pueden hacer ruido y al mismo tiempo detener, desde el punto de vista económico, al país. Por eso hoy queremos abogar y resaltar la labor de unos pocos —que debieran ser muchos más— que no hacen ruido, y además no pueden detener la actividad actual del país.

Nos referimos a los investigadores de todas las ciencias, básicas, aplicadas, sociales y tecnológicas. Ellos hoy no pueden detener el país, son pocos y tienen escasos recursos para investigar. Podremos pensar que es problema de ellos, y será un craso error. Su escasa acción determina un renuncio al Uruguay desarrollado del futuro.

Mientras no entendamos que el país cambia con el desarrollo basado en el conocimiento endógeno y su aplicación, base de la innovación generadora de producción competitiva, no saldremos del estancamiento en que estamos. Estamos en condiciones de asumir el desafío; sólo falta ponerle voluntad, inteligencia, imaginación y creatividad. Es posible.

Hacemos votos para que nuestros legisladores se inspiren en el país posible al hacer el presupuesto y surjan los votos que multipliquen el presupuesto de los sectores postergados.

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