JORGE SAVIA
Esta semana Montevideo bien podría asemejarse a la gran carpa de un parque de diversiones, a cuya entrada un animador tendría argumentos sólidos para convencer al público con la invitación de "¡pasen y vean, señoreees...!"
Es que miércoles y jueves hay partidos de Copa. Primero, Danubio juega con el Santos. Y después Nacional con River Plate.
Dos espectáculos de esos que no se ven todos los días, porque junto con su desarrollo está implícita la participación estelar y prodigiosa de algunos verdaderos fenómenos.
Por citar a dos, quizá los de mayor vigencia, Robinho en el histórico cuadro de Pelé, y "Lucho" González en el siempre linajudo equipo "millonario" del barrio porteño de Núñez.
¿Cuántas veces se puede ver a un jugador de la habilidad del brasileño a no más de seis o siete metros de distancia, como estará en esta in- timidad tan especial que ofrece el Estadio Luis Franzini?
¿Y cuántas veces se puede ver un futbolista de la estampa del argentino jugando en el Centenario, en un partido "por las que duelen", como será el que River sostendrá con los tricolores?
No hay dos respuestas, sino una sola. Y es el grito tentador, subyugante, que esconde bajo la magia de una carpa de un gran parque de diversiones, la invitación a ver a Robinho y el "Lucho" González: ¡pasen y vean, señores!