MOnaco | EFE y AFP
Conmocionados por la desaparición de Rainiero, cuyo recuerdo es omnipresente en el Principado, los monegascos intentan dos días después de su muerte y a una semana de sus funerales, recuperar una cierta normalidad, con la vista puesta en su sucesor, Alberto.
El príncipe heredero, que hace una semana fue nombrado también regente de este pequeño Estado mediterráneo debido a la incapacidad de su padre, asumió ayer de facto los poderes de Rainiero III tras su fallecimiento y ya es oficialmente Alberto II.
El próximo soberano de la familia Grimaldi, aunque aún no se ha anunciado la fecha oficial de su entronización, todavía no se ha dirigido a sus súbditos. Fuentes del Palacio indicaron que desconocían si habrá en las próximas horas alguna comunicación oficial por parte del regente y heredero, sumido en el dolor, pero también en organizar los funerales de Rainiero, el 15, en los que participarán numerosas personalidades internacionales.
El Palacio está también muy ocupado en responder a la "avalancha" de condolencias recibidas del mundo entero. "Estamos desbordados y emocionados por tantas muestras de afecto", según las fuentes. Rainiero murió el sábado a los 81 años, víctima de problemas respiratorios, cardiacos y renales
SEGUNDO PLANO. Ensombrecido durante toda su vida por la fuerte figura paterna, el nuevo soberano de facto de este micro Estado desde la muerte ayer de Rainiero tiene ante sí, a sus 47 años, el reto para el que se ha preparado concienzudamente y, según quienes le conocen, va a sorprender a muchos.
Sus excelentes dotes para las relaciones públicas y su capacidad para escuchar a los demás son rasgos que destacó el jefe del Gobierno monegasco, a los que habrá que sumar otros menos conocidos porque, hasta ahora, Alberto, que está "perfectamente preparado para sus responsabilidades actuales", "no podía aparecer a plena luz".
Aunque goza de una inmensa popularidad entre los monegascos —tendría el apoyo del 92% de la población—, el hijo de Rainiero lleva sobre las espaldas una imagen de persona tímida y excesivamente sensible que no parece encajar con la figura de un soberano.
Amable y discreto, amante del deporte y soltero empedernido, el príncipe es también determinado, dinámico e hiperactivo (sólo duerme cinco horas diarias) y, desde hace tiempo, controla todos los asuntos importantes de gobierno, a pesar de los intentos del equipo de Rainiero de mantenerle al margen, según fuentes de su entorno citadas por medios locales.
"Revolución" y "purga" son algunas de las expresiones utilizadas por la prensa monegasca para explicar lo que Alberto se dispone a hacer con los consejeros de su padre, tras haber formado, en los últimos años, su propio equipo de asesores al margen del de Palacio.
El príncipe creó una red de informadores, fuera del gabinete oficial, en los que confía precisamente porque no dependen de él para existir y con los que pretende imponer su propia huella.
Lejos del conservadurismo de su padre y más cercano a las ideas demócratas de su madre, Alberto se ocupó en los últimos tiempos de la representación de Mónaco en el extranjero, lo que le ha permitido tejer importantes contactos internacionales.
Dinero sucio
Mónaco —donde existen 350.000 cuentas bancarias para una población de 30.000 habitantes— figura en la lista de "paraísos fiscales no cooperativos" establecida por la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa (OSCE).
En 2003, el Servicio de Información y Control de los Circuitos Financieros (Siccfin) registró 254 declaraciones de transacciones sospechosas, pero sólo 20 fueron trasladadas a los tribunales, que únicamente en seis casos han abierto un sumario.
Según el gobierno monegasco el sector bancario representa no más del 20% de la economía monegasca, frente a un 40% para el comercio internacional o un 10% para la industria. Además el principado, dice el gobierno, fue retirado en 2001 de la "lista gris" del Grupo de Acción Financiera (GAFI) de lucha contra el blanqueo