Una nueva luz ilumina la sonrisa de La Gioconda

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AFP

PARIS - La Gioconda fue presentada hoy a la prensa en sus nuevos aposentos del Museo del Louvre, la Sala de los Estados restaurada por el arquitecto peruano Lorenzo Piqueras y dotada de un innovador dispositivo de iluminación cenital.

La obra maestra de Leonardo da Vinci comparte la sala con "Las bodas de Caná" del Veronés. Los dos cuadros son exhibidos frente a frente en los dos extremos de la sala, en la que se exponen asimismo medio centenar de cuadros de pintores de la escuela veneciana del siglo XVI, entre ellos Tiziano y Tintoretto.

La renovación de la sala, de 840 m2, fue encomendada, tras concurso, al arquitecto de origen peruano Lorenzo Piqueras.

El desafío era de talla. Como lo reconocen responsables del Museo del Louvre, 80 por ciento de los visitantes vienen a ver la Gioconda, la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia. Una suerte de circuito de "estrellas" de las obras maestras.

La dificultad de exponer tal cuadro es que, en una sala tradicional, produce un embotellamiento de visitantes. La concepción del espacio era pues esencial.

Piqueras instaló un tabique que divide la sala en dos partes irregulares, una grande y otra pequeña, dejando sendas aperturas a sus lados. En él, se instaló Monna Lisa.

Frente a ella, en la pared frontal, se admira la imponente "Las Bodas de Caná" del Veronés, la mayor tela del museo, con sus 6,77m x 9,94m. La frontalidad de los dos cuadros permite un espacio de circulación lateral para el público que contemple las telas expuestas en las paredes laterales, y ofrece un espacio de exposición impresionante a La Gioconda, visible por el visitante desde el momento que entra en la enorme sala.

Otro gran logro, la luz. La sala está iluminada por luz natural cenital gracias a grandes critaleras en el techo, y la iluminación complementaria para los dos principales cuadros de la sala se activa cuando disminuye la luz del día.

Esta luz artificial cenital procede de fluorescentes situados en la armazón del tajado, de manera que la sala es iluminada sin que sea visible lámpara ni foco alguno. La Gioconda tiene además un discreto foco luminoso instalado en contrapicado en una pequeña repisa situada bajo el vidrio que protege el cuadro.

Este foco permite reducir los reflejos producidos por la luminosidad de la sala, pero además da al cuadro un luminosidad muy próxima a la de la luz del día.

Un dispositivo a la medida de la celebridad del cuadro y de su enigmática modelo.

La identidad de la Gioconda ha sido objeto de no pocas controversias.

Hoy, los especialistas consideran que se trata probablemente de Lisa Gherdardini, esposa de un mercader florentino llamado Francesco del Giocondo.

El cuadro no está fechado, pero Leonardo da Vinci lo empezó sin duda en 1503. Pintado en un panel de álamo blanco de 77 por 55 cm, representa a una dama con un paisaje natural como fondo, y marca un hito en la evolución de la pintura de retratos y en el tratamiento de la luz, que unifica la composición y mediante la cual el artista influye en la percepción de la forma, de los contornos y del color.

Pero más allá de la perfección técnica, la obra de Da Vinci debe su celebridad a algo inasible e inexplicable: la mirada y la sonrisa, entre tierna e irónica, de Monna Lisa, que cada persona que la contempla siente dirigida hacia sí.

AFP

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