CIUDAD DEL VATICANO | AFP
Un impresionante dispositivo de seguridad comenzaba a articularse ayer en Roma para los funerales y el entierro de Juan Pablo II, que tendrán lugar el viernes y serán un acontecimiento planetario en el que participarán centenares de miles de personas.
Las autoridades de la capital italiana calculan que entre dos a cuatro millones de fieles, entre ellos un millón de polacos, se congregarán en los próximos cuatro días en Roma para dar su adiós al primer Papa polaco de la historia, que quedó expuesto desde ayer a la tarde en la basílica de San Pedro.
Una batería de misiles y aviones militares vigilaran, según la prensa italiana, el cielo romano, y el jefe de la Protección Civil italiana, Guido Bertolaso, encargado por la Unión Europea para coordinar la ayuda por el maremoto en el sur de Asia, ha sido designado por el gobierno para preparar la logística.
Habrá trenes extras y se ha comenzado a montar cientos de tiendas de campaña para prepararse para la mayor llegada de peregrinos en la historia de la ciudad.
El ministro del Interior, Giuseppe Pisanu, movilizó a 6.430 policías y más de 5.000 voluntarios atenderán a los peregrinos.
Es como organizar el Jubileo en 48 horas, afirmó alarmado el alcalde de la capital, Walter Veltroni.
Se trata de un verdadero desafío organizativo pese a que el ayuntamiento tiene una larga tradición en el manejo de manifestaciones multitudinarias.
El flujo continuo de fieles desde el viernes, cuando se inició la agonía del pontífice, ha paralizado prácticamente el centro de la ciudad, y las llegadas a las estaciones de trenes han aumentado en el 30%.
Por su parte, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) aprobó el envío de un avión cuadrirreactor Awacs E-3A, para custodiar el espacio aéreo italiano durante los funerales.
La nave permite un vasto espectro de comunicaciones electrónicas, con capacidades de interceptación de blancos, y fue muy utilizado en los últimos años durante manifestaciones con gran concentración de público.
Las autoridades civiles y militares, que trabajan en coordinación con los servicios de seguridad vaticanos, temen que el aeropuerto militar de Pratica di Mare y el de Ciampino, cerca de Roma, no sean suficientes para acoger a los mandatarios extranjeros y están contemplando la posibilidad de cerrar parcialmente el tráfico aéreo de Fiumicino.