CIUDAD DEL VATICANO | AP y AFP
Silenciosos, con el rosario entre las manos y una plegaria en los labios, decenas de miles de peregrinos rindieron ayer sus últimos respetos al papa Juan Pablo II después que su cadáver fue transportado en una plataforma púrpura a la Basílica de San Pedro.
Se esperaba que unas 400 mil personas circularan por el féretro anoche.
Los ujieres vaticanos no daban tiempo al público a detenerse o hacer una prolongada genuflexión ante los restos del Santo Padre. Muchos de ellos lloraban abiertamente a su paso ante el catafalco. Otros tuvieron que recostarse contra el muro presas de la emoción y el cansancio a la salida del templo, diseñado por Bramante y Miguel Angel y que fue dedicada en 1626.
Hubo conjeturas de que el Papa podría haber dejado órdenes en su testamento para ser enterrado en su nativa Polonia, pero el vocero vaticano Joaquín Navarro Valls dijo que Juan Pablo "no expresó deseo alguno al respecto".
Las puertas del templo se abrieron al público con una hora de adelanto sobre el último horario previsto para garantizar la integridad de los miles de fieles aglomerados desde horas antes ante la escalinata vaticana para despedirse del Pontífice.
Los medios italianos dijo que la policía intervino para controlar la aglomeración, después que el público fue autorizado a ingresar a la iglesia tras un servicio religioso en el que participaron cardenales, prelados y dignatarios.
No se informó de desórdenes ni heridos.
Los fieles se persignaban al caminar frente al féretro, y algunos tomaban fotografías del fallecido pontífice vestido con una toga de color carmesí y su mitra blanca de obispo.
Las puertas se abrieron más de una hora antes de la anunciada por los funcionarios del Vaticano para que el público comenzara a ingresar.
Un aplauso reverente de decenas de miles de personas saludó el paso de los doce portadores del féretro, flanqueados por guardias suizos con sus cascos coronados de plumas, que transportaron el féretro en una plataforma de color carmesí.
Luego de trasponer la Puerta de Bronce, atravesaron la plaza y entraron en la basílica en medio de una nube de incienso.
La procesión, con el trasfondo de sacerdotes que entonaban la Letanía de los Santos, comenzó en la Sala Clementina, donde se había instalado la capilla ardiente desde el domingo. Televisada por la emisora del Vaticano, la procesión avanzó solemnemente por las salas decoradas del Palacio Apostólico.
El recorrido, canalizado por una vallas a través de la Vía de la Conciliación, requiere de paciencia —puede haber hasta seis horas de espera— y de contínua hidratación, para lo cual se reparte agua embotellada de forma gratuita.
Antes del comienzo de la procesión, el cardenal Eduardo Martínez Somalo —el camarlengo, el encargado de manejar los asuntos de la Iglesia entre la muerte de un Papa y la asunción de otro— oró y roció el cuerpo con agua bendita.
Las imágenes de la procesión se multiplicaron en pantallas gigantes en la Plaza de San Pedro y en la avenida principal hacia la basílica, donde observaban atentamente más de 100.000 peregrinos y turistas.
Miembros del Colegio de Cardenales, los príncipes de la Iglesia ataviados con capas rojas, acompañaron la procesión, junto con obispos y otros prelados.
Caminaron lentamente por los salones engalanados por frescos mientras cantaba un coro, pasando una por una la Scala Nobile, la Prima Loggia, la Sala Ducale, la Sala Regia.
Al trasponer la Puerta de Bronce, la procesión atravesó la plaza en dirección a la basílica en medio de los aplausos del público, un signo de respeto entre los italianos.
En el interior de la basílica, el cuerpo fue depositado en una plataforma frente al altar central y el camarlengo volvió a bendecirlo con agua bendita e incienso.
Luego el cardenal Martínez presidió un servicio ritual de oraciones en latín. Los cardenales tributaron su respeto y a partir de ese momento el cuerpo quedó expuesto al público.
Cardenales reunidos
Los cardenales se reunirán de nuevo en Congregación General la mañana del martes, y en esta ocasión podrían decidir la fecha de inicio del cónclave durante el cual los 117 cardenales con menos de 80 años elegirán al sucesor de Karol Wojtyla en el trono de San Pedro.
Ayer por la mañana, los 65 cardenales presentes en Roma se reunieron en dos ocasiones: en primer lugar para jurar no revelar las deliberaciones del futuro cónclave y, en la segunda ocasión, para fijar la fecha en que se realizarán los funerales de quien encabezó la Iglesia católica por más de 26 años.
Hay 21 cardenales latinoamericanos en el cónclave y algunos de ellos son mencionados como claros "papables". (ver página 7)
Una plaza ganada por los mensajes de despedida
En el centro de la Plaza de San Pedro los feligreses depositaban el lunes flores, imágenes y notas de despedida adheridas con cera de cirios, en una muestra incesante de afecto.
Una nota mostraba una pequeña bandera nigeriana y una foto reciente de Juan Pablo II bendiciendo a los fieles. "Papa Juan Pablo II, te amamos. Que tu alma gentil repose en paz", decía.
Otras fueron garabateadas en boletos de tren o trozos de papel y colocadas entre una cantidad de imágenes de santos, dibujos infantiles, rosarios. "Adiós padre, héroe, amigo", dijo una carta escrita con letra infantil. En los orificios de los postes de alumbrado de hierro, que circundan un obelisco en el medio de la plaza, había una cantidad de flores.
La gente llegó para ver el cuerpo de Juan Pablo que comenzó a ser expuesto al público ayer por la tarde, dos días después de su muerte. Los restos estuvieron el domingo en capilla ardiente para prelados, embajadores y otros dignatarios.
Durante la noche, algunos se quedaron durmiendo bajo el pórtico que circunda la Plaza de San Pedro, y un grupo de fieles polacos, con una bandera nacional, mantuvo su vigilia por tercera noche consecutiva.
En la basílica, los guardias suizos vistieron capas negras en vez de sus tradicionales uniformes rojiblancos.
Los servicios de emergencia dijeron haber recibido 115 pedidos de asistencia en la plaza el domingo. En su mayoría era de personas que se cayeron o se desmayaron. Tres eran casos graves.
El momento más emotivo fue cuando el arzobispo argentino Leonardo Sandri, subsecretario de estado del Vaticano, leyó la plegaria dominical del mediodía, que Juan Pablo pronunció durante todo su pontificado.
La misma emoción se vivió en Polonia. En Varsovia, más de 100.000 personas participaron el domingo en una misa en el mismo sitio donde el Pontífice había oficiado su memorable celebración —a la que había asistido un millón de fieles— durante su primera visita a Polonia, en junio de 1979.