Ciudad del Vaticano - El sucesor del papa Juan Pablo II será el elegido número 264 para ocupar el trono de San Pedro, según las normas de 1996, aunque el cónclave existe en la Iglesia Católica, con diversas modificaciones, desde 1274.
Las normas para elegir al sucesor de Juan Pablo II serán aplicadas por primera vez, pues datan del 22 de febrero de 1996, cuando el papa viajero escribió la Constitución apostólica "Universi dominici gregis" . Las normas aplicadas en el cónclave de 1978 en el que fue elegido Juan Pablo II eran recientes, habían sido promulgadas por Pablo VI en 1975 y también fueron aplicadas para elegir a Juan Pablo I.
A lo largo de casi 2.000 años de historia de la Iglesia Católica suman casi 300 los papas, teniendo en cuenta las elecciones ilegítimas de 36 antipapas, designados por emperadores y reyes.
En ese extenso período, no siempre la elección papal fue tal como hoy se conoce, con los cardenales encerrados en cónclave (cum clavis en latín) y normas que la reglamentan. El sistema de funcionamiento del colegio electoral, encargado de elegir al papa, tuvo muchos cambios con el correr de los siglos, pero nunca se modificaron los requisitos de ser hombre y estar bautizado. El resto de las condiciones, incluso la orden sacerdotal, se podía efectuar después de ser elegido, ya que el procedimiento para designar al jefe de los católicos fue modificado decenas de veces en respuesta a las necesidades de la institución y a resistir a las presiones del poder político temporal.
El cónclave surgió en 1274, tras 12 siglos de existencia de la Iglesia Católica, instituído formalmente por Gregorio X, aunque al menos en cinco ocasiones se habían realizado reuniones electorales a puertas cerradas.
En los albores de la comunidad cristiana, el nuevo obispo de Roma, como los otros obispos, era elegido por todos sus integrantes y consagrado por sus pares. Los electores del obispo de Roma fueron luego sólo miembros del clero y, desde el año 769, sólo los diáconos y los "presbiterios cardenales" .
Los cardenales, todavía hoy subdivididos en las órdenes de obispos, curas y diáconos, son los únicos miembros del colegio electoral. También para conservar su vínculo con el clero romano todavía hoy los purpurados reciben la titularidad de una iglesia de Roma o una de las antiguas diócesis de los suburbios.
La mayoría requerida, aunque cambió con el tiempo, volvió a ser dos tercios de los votantes. Los concilios ecuménicos como el Lateranense IV y los de Lyon y Constanza se ocuparon de las normas electorales.
Sólo los cardenales permanecerán encerrados hasta que se elija al nuevo Papa, según una regla escrita poco después de una larga asamblea electiva en Viterbo, que duró 33 meses (del 29 de noviembre de 1268 al 1 de septiembre de 1271), el mayor período vacante de la autoridad papal. En esa ocasión los 19 purpurados, bajo la mirada del pueblo que abrió el techo del aula gótica del palacio papal, eligieron el sucesor de Clemente IV, muerto casi tres años antes, y recayó en Gregorio X.
Hasta el siglo XV los electores no superaban los 30. En 1586, Sixto V elevó ese número a 70: 6 cardenales obispos, 50 cardenales sacerdotes y 14 cardenales diáconos. Finalmente, en el siglo XX, Pablo VI fijó en 120 los electores del cónclave para elegir al Papa.
Las intrigas, los debates y las discusiones no estuvieron ausentes de algunos cónclaves, como el celebrado en la Capilla Sixtina donde fue elegido el español Rodrigo Borgia, bautizado Alejandro VI. Los cronistas de la época escribieron que muchos votos habían sido comprados por el cardenal Borgia, apoyado por el cardenal Ascanio Sforza, hermano de Ludovico el Moro, duque de Milán.
Once años más tarde, el sucesor de Alejandro VI, Julio II agregó algunas normas y en 1503 sancionó la inmediata exclusión del cónclave para el cardenal que ofreciera dinero u otras prebendas (simonía).
A los cardenales actuales les está prohibido negociar, mientras el Pontífice vive y sin haberlo consultado sobre la elección de su sucesor, prometer votos o tomar decisiones en ese "sentido en reuniones privadas" , reza el actual reglamento.
Otro cambio significativo en las reglas del cónclave se produjo en 1903, tras la muerte de León XIII estaba por ser elegido su secretario de Estado, Rampolla del Tindaro, pero el emperador de Austria ejerció su antiguo derecho de veto. Los electores designaron entonces a Juan Sarto, Pío X, el mismo Papa que en 1904 en un documento impuso no aceptar jamás en el futuro veto alguno.
La novedad más sustancial fue introducida en 1979 por Pablo VI quien, a través de su escrito "Ingravescentem aetatem" , excluyó del cónclave a los cardenales que cumplieran 80 años. Esa reforma se aplicó a su muerte, en agosto de 1978, y luego dos meses después cuando se eligió el sucesor de Juan Pablo I, que fue Papa durante 33 días.
Luego fue confirmada por Juan Pablo II pero en lugar de tener los 80 años cumplidos al momento de ingresar al cónclave, lo extendió al día de la muerte del pontífice en el documento "Romano pontifici eligendo" .
ANSA