La sucesión papal en una Iglesia que mira al siglo XXI

| La edad y la procedencia pueden ser factores que determinen una elección

AP

El papa Juan Pablo II ha nombrado a casi todos los cardenales que elegirán a su sucesor, pero eso no implica que el próximo Pontífice sea una copia exacta del actual.

Los cardenales suelen expresar opiniones diversas y con frecuencia conflictivas acerca de cuáles son las cuestiones más apremiantes para la Iglesia Católica, y probablemente buscarán a un Santo Padre con cualidades diferentes de las que posee Juan Pablo.

"Cuando se reúnen en cónclave, los cardenales siguen su conciencia y procuran determinar lo que resulte más útil para la iglesia de hoy", dijo el prelado belga Godfried Danneels, en una entrevista reciente con The Associated Press.

El próximo Papa enfrentará una serie de retos, como los avances científicos que contradicen las enseñanzas católicas, la declinación de la observancia religiosa en Europa y Norteamérica, un marcado aumento de la feligresía en los países del Tercer Mundo, y la baja en el número de sacerdotes en los países de Occidente.

El sucesor del Papa ascenderá al trono de San Pedro en un momento de graves tensiones entre las religiones y en un período de disturbios globales, al tiempo que los dirigentes mundiales enfrentan el terrorismo de maneras que la iglesia no siempre respalda.

Sin embargo, cuando los cardenales decidan cuál de ellos puede enfrentar esos retos, algunas de sus preocupaciones pueden parecer triviales.

Algunos cardenales desean que los funcionarios vaticanos no se mezclen en las operaciones cotidianas de las diócesis. Otros creen que los funcionarios romanos deben estar profundamente involucrados en reprimir las disidencias.

Unos príncipes de la iglesia creen que los cardenales y obispos deben tener más que decir en cuanto al gobierno de la iglesia, en tanto que otros piensan que tales facultades deben estar reservadas al Pontífice.

También buscarán un individuo que pueda hablar bien el inglés y el italiano, a fin de comunicarse con los católicos del mundo y con los funcionarios eclesiásticos que manejan las operaciones cotidianas del Vaticano.

La edad puede ser también un factor. El papado de Juan Pablo, que ha durado 26 años, ha sido uno de los más largos en la historia de la iglesia, de modo que los cardenales podrían elegir a un candidato de mayor edad como "figura de transición", cuyo pontificado no fuese tan largo.

"La mayoría de los cardenales no piensan que un papado realmente largo sea una buena idea", dijo James Hitchcock, historiador de la Universidad de San Luis. "Pero con (los avances de) la medicina moderna, si eligen a alguien que tenga 70 años, este individuo podría vivir hasta los 95".

CONCLAVE. Al fallecer el papa, la Santa Sede envía a todos los miembros del colegio cardenalicio un telegrama convocándolos al cónclave, que comienza entre 15 y 20 días después de la muerte. En el cónclave secreto, que se celebra en la Capilla Sixtina, se designa oficialmente al sucesor de San Pedro.

Al próximo cónclave acudirán 117 cardenales (58 de los cuales son europeos, 14 norteamericanos, 21 latinoamericanos, 11 africanos, 11 asiáticos y 2 de Oceanía). Todos los cardenales estarán presentes pero sólo los menores de 80 años tienen derecho a votar.

Indicios de la muerte de un Papa

CIUDAD DEL VATICANO

Una puerta de bronce cerrada. Las persianas bajas. El tañido de las campanas. Música fúnebre. Todos estos son indicios del fallecimiento de un pontífice.

A lo largo de los siglos, la señal más tradicional y reveladora de la muerte de un Papa ha sido el tañido de las campanas del Vaticano, que incita a las demás de los templos de Roma a hacerles eco.

Pero también está el cierre simbólico de la Puerta de Bronce, detrás del pórtico de la Plaza de San Pedro que se cierra cuando muere un Papa y que se mantiene cerrado hasta que se elige un sucesor.

Pero esta tradición no siempre se ha seguido. En 1978, cuando dos papas murieron en rápida sucesión, no se cumplió. En circunstancias normales, la Puerta de Bronce se cierra todas las noches alrededor de las 8 y se reabre por la mañana, lo que la torna irrelevante como indicio en caso de un fallecimiento nocturno.

Y los observadores papales dicen que no está claro si el cierre de la puerta aun durante el día precedería o sucedería a un anuncio oficial.

PERSIANAS. Los expertos también mantienen su ojo atento a las persianas de las dos ventanas en el departamento de Juan Pablo II en el tercer piso, que dan a la plaza. Algunos creen que el cierre de esas persianas sería el primer signo tangible de una muerte.

La tradición indica que en caso de fallecimiento del pontífice, el obispo auxiliar de Roma —en este caso el cardenal Camillo Ruini— debe hacer el anuncio formal a los romanos. Casi seguramente, el Vaticano haría un anuncio a la prensa, ya fuese por medio de la Radio Vaticana, que luego ejecuta música fúnebre, o el vocero papal, Joaquín Navarro Valls.

La tradición sigue el siguiente proceso:

Cuando muere un Papa el prefecto de la casa papal, hoy día el arzobispo estadounidense James Harvey, se lo comunica al camarlengo, el funcionario de mayor rango que maneja la Santa Sede en el período entre la muerte de un Papa y la elección del siguiente.

El camarlengo, actualmente el cardenal español Eduardo Martínez Somalo, debe verificar la muerte, un proceso que en el pasado se hacía golpeando la frente del cuerpo con un martillo de plata.

Luego el camarlengo se lo confirma al vicario de Roma, que a su vez lo comunica al pueblo de la ciudad.

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