Un estilo inédito de conducir la Iglesia

Pocos pontífices tuvieron tanto acceso a las muchedumbres como Juan Pablo II. Sin embargo, ese Papa que fue centro de los medios de comunicación despreció la demagogia y su única ambición era llevar el mensaje de Dios a los creyentes.

Desde el inicio de su pontificado, su estilo provocó sorpresas: el Papa cantó serenatas nocturnas con los jóvenes a los pies de la Nunciatura de Ciudad de México y aplaudió con entusiasmo las alucinantes danzas de los zulúes en Africa.

Durante sus numerosos viajes solía expresar su evidente aprecio por los jóvenes y, en particular, por sus compatriotas polacos. Al mismo tiempo, aborrecía la indisciplina y la confusión, sobre todo si afectaban la celebración de los ritos sagrados católicos.

Con una dureza inusitada, se mostró indignado cuando su misa fue interrumpida en Nicaragua con consignas políticas en uno de sus primeros viajes a América Latina. También regañó a los españoles cuando sus vítores incesantes le impedían hablar.

Ha sido un Papa que se entusiasmaba durante el concierto de Bob Dylan, que se interesaba por todos los fenómenos modernos y que sabía utilizar con eficacia los medios de comunicación para enviar su mensaje cristiano, la misma enseñanza que la Iglesia profesa desde hace 2.000 años.

Al mismo tiempo, fue el Pontífice que quiso depurar a la Iglesia Católica del oscurantismo y corregir ciertos errores del pasado.

En marzo de 2000, en ocasión del Jubileo, presidió una importante ceremonia de purificación en la que pidió perdón por los errores y culpas de la Iglesia en el curso de la historia, desde las cruzadas y la Inquisición hasta el Holocausto nazi.

Su inconfundible estilo incluía recorrer los lugares del dolor y del recuerdo. Se arrodilló y oró en los lugares donde el hombre más ha sufrido, desde la isla de los esclavos de Gorée hasta el campo de concentración de Auschwitz y la colina de las cruces en Lituania.

Con frecuencia su rostro se contrajo de dolor, cuando escuchaba el testimonio de un minero andino boliviano o evocaba la masacre del mercado en Sarajevo.

El Papa nunca fue piadoso con sus energías.

Se levantaba a las cinco y media de la mañana y se acostaba a las once de la noche.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar