El recientemente estrenado ministro de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, y ex intendente de Montevideo, Arq. Mariano Arana, ha demostrado tener un exceso de sensibilidad en lo que refiere a su sentido del asco y una especial irritabilidad al decir, en otras palabras, lo que suele expresarse en el argot popular como "me indina y me repuna".
Se está refiriendo a la iniciativa de poner en práctica cuanto antes en Maldonado lo que se denominan "grandes proyectos"; concretamente la construcción de importantes obras edilicias que fueron aprobadas por el gobierno departamental (Junta e Intendencia respectivamente). Arana dice sentirse "asqueado", porque el otorgar de esa manera importantes fuentes de trabajo a la construcción y oficios accesorios, implica tomar de "rehenes a los trabajadores, a las dificultades económicas de las personas que requieren trabajo para pretender justificar lo injustificable".
El Arquitecto, ahora Ministro, presa más que de asco de indignación, destacó que "no se pueden estar agrediendo aspectos cualitativos que involucran la calidad de vida de los habitantes de hoy y de los habitantes del futuro simplemente por razones coyunturales y cuantitativas".
Arana sin lugar a dudas, antes que asqueado e indignado, está confundido y visiblemente nervioso. No sabe o no quiere saber que en el marco de esos proyectos hubieron estudios técnicos, paisajísticos y medio ambientales por la Comisión de proyectos Especiales y por la Comisión de Obras de la Junta Departamental, y que ambas comisiones —dentro de la línea de su competencia indiscutible, aspecto en el cual el Ministro puede estar incursionando con desviación de la suya— se expidieron favorablemente.
Entonces, si como dijo "no pretende tener la verdad" y admitir otras verdades "siempre que se las argumenten", no es un pecado que en el plano en que su especialidad le permite opinar, puedan existir opiniones diferentes. Y menos puede admitirse que le dé asco a nadie, que una inversión del orden de los trescientos treinta millones de dólares, por lo que implica en dar trabajo a quienes luego de terminada la zafra quedan desocupados y por lo que significa sólo en IVA (setenta y cinco millones de dólares) para reforzar las arcas del Estado, quede en la nada.
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