GUILLERMO ZAPIOLA
Prosiguen las exhibiciones del XXIII Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay en las salas de Cinemateca Uruguaya, y los complejos Hoyts Alfabeta y Hoyts Punta del Este.
En el horario central de Cinemateca 18 va hoy Melinda y Melinda, la más reciente realización de Woody Allen, que reitera en clave de comedia ácida con alguna pincelada dramática varias de las temáticas favoritas del realizador: la fragilidad del amor, la infidelidad, el romance sofisticado, la incapacidad de comunicación. Como dice uno de los personajes de la película refiriéndose a otro: "Está apesadumbrado, está desesperado, tiene tendencias suicidas; tiene todos los elementos cómicos". Woody dirige pero no actúa. Integran el elenco Will Ferrell, Neil Pepe, Stephanie Roth Haberle y otros.
DRAMAS. Otra de las atracciones del día es la repetición (en Hoyts Montevideo) de Saraband, el último trabajo del maestro sueco Ingmar Bergman, una película de la que se ha dicho que es y no es una secuela de aquella Escenas de la vida conyugal que Bergman realizara hace tres décadas con los mismos Liv Ullmann y Erland Josephson que reaparecen ahora. Esos personajes y otros se encuentran y desencuentran, se enfrentan y chocan en una película en diez escenas más un prólogo y un epílogo en el que Bergman practica un retorno a los infiernos strindbergianos de la convivencia. Los primeros planos acosan cruelmente los desvalidos rostros de los personajes. Las paredes rojas (como en Gritos y susurros) encierran a sus protagonistas en sus infiernos íntimos.
También en Hoyts de Montevideo va hoy Primavera, verano, otoño, invierno y otra vez primavera, última realización del polémico (y elogiado) director sudcoreano Kim Ki-duk. Sin una formación académica en cine, este autodidacta ha ganado un prestigio creciente con una serie de películas sombrías y críticas como Destinatario desconocido o Mal chico, que lo dieron a conocer al público uruguayo en exhibiciones previas de la Cinemateca.
En esta nueva película suya cuenta la historia de dos personajes, el Anciano Monje y el Joven Monje que viven en un aislado templo budista, prácticamente el único decorado donde transcurre la acción. Sus tiempos están marcados por el inexorable paso de las estaciones, pero aún en el total aislamiento no pueden librarse de los sufrimientos y las pasiones de la vida. Bajo la atenta mirada del Anciano Monje, su joven discípulo descubre la naturaleza de la tristeza cuando algunos de sus juegos infantiles revelan su reverso cruel y cuando experimenta la mordedura del deseo ante la mujer que se introduce en su pequeño mundo, desencadenando un mecanismo que desemboca en la obsesión y el asesinato. La serenidad inicial de este fresco budista aparece perturbada por la sofisticada visión de Kim, un hombre capaz de proporcionar una infrecuente elegancia visual y algunas imágenes asombrosas, acaso buscando romper con su fama de Mal Chico del Cine Coreano. El paso de las estaciones continúa: al calor del verano siguen la reflexión del otoño y los fríos invernales que aportan una dosis de iluminación y enriquecimiento.
PUNTA. También en Punta del Este hay festival. Por una parte, va el film norteamericano Lazos de familia, donde los integrantes del grupo del título se reúnen ante el lecho de muerte del patriarca de la misma. Tras la muerte del anciano, los sobrevivientes emprenderán juntos un viaje a través de las carreteras de la región con la intención de solucionar sus conflictos y clarificar un antiguo secreto. El director Jordan Roberts, quien desempeñara labores como libretista en películas como Camino a la perdición, Bye Bye Brooklyn y Barnes y aquí debuta como realizador, radica en su elenco de veteranos: Michael Caine, Chistopher Walken.
También va en Punta la elogiada El regreso, película rusa dirigida por Andrei Zvyagintsev acerca de dos niños que viven con su madre y su abuela en un remoto rincón de Rusia, sin otro recuerdo del padre que una fotografía tomada diez años atrás. Cuando el padre reaparece intempestivamente, el precario equilibrio en que los chicos viven se desbarata rápidamente. El hombre mayor los arrastrará a una aventura de final imprevisible en el lejano Norte, y durante el trayecto se suscitarán otras inquietudes: el contraste entre el recuerdo (o la idealización) de lo que el padre fue, y este ser humano concreto que se aparece ahora ante ellos. Hasta la propia afirmación de que trata del padre puede ponerse en duda, y más aún las razones que han provocado su regreso. El trío se interna más y más en un territorio misterioso, en términos físicos pero sobre todo psicológicos.
Se ha señalado que el debutante director Zvyagintsev, que nació y creció en Siberia, despliega una instintiva y exquisita afinidad con el entorno físico, los murmullos y los silencios de la naturaleza, la sugestión de sus lagos y bosques. El paisaje es un personaje fundamental en la trama, pero se trata también de un personaje extraño o ajeno, cuya "otredad" sirve de espejo a los conflictos y los comportamientos de los humanos que lo atraviesan: la naturaleza comenta y refleja las emociones individuales. Alejándose de la preocupación de corte sociológico cultivada por otros cineastas post-soviéticos, Zvyagintsev practica en cambio una cierta cualidad mítica, que a través de unos pocos destinos individuales apela a los temas universales de la verdad, la traición y la reconciliación. Lo hace, se afirma, con el instinto cinematográfico de un veterano. Para muchos observadores internacionales se trata de una de las reales revelaciones del cine reciente.