Víctor Hugo Morales
Fue una tarde de fútbol, esa de Avellaneda. Cuando en el aire se mezclaban el humo de los chorizos envolviendo a la cancha como un velo, y ventanas de sol abiertas sobre el césped casi cubierto por las sombras de las tribunas, en el marco imponente y exultante de las banderas y los saltos de miles de personas de torso desnudo, los hombres se entregaban a la lucha como en la última batalla.
Y lo destacable era que los jugadores de Racing y de Boca ofrecían una lealtad que emocionaba en todos los aspectos. En la lucha cuerpo a cuerpo, en el manejo de la pelota, en la actitud plenamente ofensiva, aún cuando Racing debía dar algún paso atrás, superado numéricamente a raíz de la expulsión del Cholo Simeone.
Habían jugado un aceptable primer tiempo y Racing había sido levemente superior. Al retornar, casi enseguida Boca quedó con un hombre más y comenzó un período desilusionante del partido. Pocos mantenían la orientación, la precisión. Fueron unos veinte minutos muy pobres.
Pero Boca fue llenando la cancha de delanteros, y eso acarreó dos consecuencias. Por un lado Boca tomó una iniciativa en el que la obstinación era la bandera. Como contrapartida, Racing advirtió que Boca había renunciado al juego de la mitad de la cancha y se lanzó repetidamente hacia el área rival. Como el juego del león y el domador, Boca lo arrinconaba, le daba latigazos, parecía dominarlo. Racing lanzaba zarpazos y rugía. Y por esas cosas del fútbol terminó la "Academia" teniendo más oportunidades para llegar al segundo gol que Boca para concretar el empate.
El final de la tarde, en medio de tribunas abigarradas, postal de un verdadero domingo de fútbol, se dio con la locura dominando el centro de la escena. Boca mantuvo la esperanza hasta la última pelota, un tiro largo de Abbondanzieri hacia el área de Racing que tomó la altura de las tribunas, y viajó envuelta en el suspenso, la incertidumbre y las miradas de los que sesenta metros más allá esperaban una caída gloriosa del balón sobre su cabeza. Pero nada sucedió.
Un instante después el árbitro levantó los brazos y terminó el partido.
Racing y su alegría por un triunfo logrado con justicia, Boca sin reproches porque sus hombres lo dieron todo, y el fútbol saludado por el esfuerzo y la emoción, cerraban una tarde de tribnas que valió la pena por el suspenso sostenido hasta el último instante. Y en esa resurrección de Racing, en los retornos triunfales de los linajudos Independiente y Velez, en la pimienta de Rosario Central y en la expectativa que genera el millonario River, el torneo empezó a vivir la semana de sus mejores notas. Y de las que se vendrán.