Centros CAIF en una semana crítica por la falta de comida

El de ayer no fue un día más en el centro CAIF de Lagomar Norte. Los 71 pequeños que van diariamente al centro "Carmencita" recibieron un austero desayuno y una porción de crema por todo alimento. La que reciben allí es la única comida para estos chicos cuyas edades van del año y medio a los cuatro. Esta situación se repite, con tintes más o menos dramáticos, en los 27 centros que operan en Canelones.

"Cuando se habla de cuadros de desnutrición se menciona al asentamiento Las Láminas de Artigas, pero no hay que ir tan lejos para encontrar casos, acá nomás tenemos cuadros bastante severos", dice Pablo Rocha (24), el joven maestro que coordina este centro.

No son los peores casos en Canelones, aclaran Pablo y Miriam Repetto, la encargada de la Asociación Civil que gestiona el centro. El de la localidad de Simón Bolívar es el que presenta ribetes más severos, con un registro de 180 niños entre los que se detectaron varios casos de raquitismo, según relataron los integrantes de estas asociaciones.

Una observación hecha por el Tribunal de Cuentas sobre las transferencias de dinero que realiza el Instituto Nacional de Alimentación (INDA) a los Centros de Atención a la Infancia y la Familia (CAIF) puso el palo en la rueda a estos centros. El tropiezo burocrático, empero, colocó a estos centros al borde del colapso al cabo de varios meses de problemas en el suministro de alimentos e insumos.

EMERGENCIAS. El CAIF "Carmencita" tiene un área de influencia que va desde Cruz del Sur, al norte de San José de Carrasco, hasta la calle Uruguay de Solymar. Allí concurren diariamente 71 niños.

"Hay personas que caminan hasta cinco kilómetros para traer a sus hijos hasta aquí", cuenta Miriam Repetto.

"La mayoría de estos gurises provienen de hogares monoparentales, en muchos casos de madres adolescentes, y también hay muchos padres no biológicos", explica el maestro Pablo Rocha. "Tenemos muchas madres adolescentes con muchos hijos", agrega el docente.

El centro de apoyo no sólo brinda alimentación. Los chicos tienen actividades educativas y recreativas, en tanto que los padres participan en distintos talleres. Costura, artesanía, cocina, teatro y nociones de Derecho Laboral son algunos de los cursos impartidos en el centro y en muchos casos la única posibilidad formativa con que cuentan muchos jóvenes padres que dejan a sus hijos allí en sus horarios de trabajo.

"El noventa por ciento de los padres que concurren tienen la primaria completa, en algún caso han cursado hasta segundo año de secundaria o equivalente en UTU, pero son los menos", explica Rocha.

Pero no son solamente los sectores más desfavorecidos de la zona quienes solicitan algún tipo de apoyo al plan CAIF. "Desde la crisis de 2002 empezó a cambiar el tipo de gente que llega al centro", apunta Repetto, "esa tendencia empezamos a verla más marcada desde el año pasado con personas que no viven ni en asentamientos ni en zonas de escasos recursos". El maestro Rocha señala que muchos padres de clase media comenzaron a frecuentar este servicio. "Durante la conversación con ellos uno puede ver que tienen un nivel cultural más alto, muchas veces se trata de gente que tiene su linda casa en el lado sur de Lagomar, pero no tienen ‘un peso para parar la olla’. Eso se da cada vez más", apunta Rocha.

SUMINISTROS. Al igual que otros centros, el "Carmencita", recibe la asistencia del Inau, de INDA y de la Intendencia Municipal de Canelones. La partida en metálico que suministra el Inau, según datos proporcionados por la asociación civil, es de $ 63.000, en tanto que la Intendencia destina $ 5.044 mensuales.

"El dinero que nos llega de Inau se distribuye en los sueldos de los 11 técnicos que trabajan aquí y sus correspondientes aportes patronales, así como los gastos de luz, agua y mantenimiento", detalla Miriam Repetto, "de los cinco mil pesos que manda la Intendencia tratamos de comprar carne y pescado para que los niños tengan una dieta balanceada".

Pero el gran problema está en los suministros alimenticios de INDA. "El año pasado estuvimos cuatro meses sin recibir nada, entre el 27 de enero y el 28 de mayo", recordó Repetto, "ahora, desde noviembre, hemos tenido faltantes lo cual motivó la firma del último convenio en diciembre".

La lista de suministros es elocuente: de 25 ítems faltan 9. Entre los faltantes hay 15 kilos de fideos, nueve de fécula de maíz, tres kilos de fideos para sopa, ocho de pulpa de tomate.

DESAFIOS. Jacqueline Patrón (40) es administradora de la asociación civil que gestiona el centro de Lagomar Norte. Es madre de dos chicos y estudiante de psicología, pero unos años atrás llegó al centro para solicitar apoyo para su hija. "En mi caso fue una excepción, porque mi situación no era como la de las madres que suelen venir aquí, ya que lo que necesitaba era dejar a mi hija durante el horario de trabajo", explica Jacqueline.

Como en otros tantos casos este encuentro fue el principio de una larga relación, más afectiva que laboral. En este momento Jacqueline Patrón dedica varias horas de sus días a trabajar en el centro, concretamente al frente de un taller de costura. Mientras el equipo de encargados del centro dialoga con los periodistas suena el teléfono. Es una maestra jubilada que se ofrece para dar clases, en forma honoraria. Es el combustible que hace andar a este y otros centros similares: la solidaridad.

INDA hace descargos

El viernes, el Tribunal de Cuentas habilitó un mecanismo provisorio para hacer llegar víveres secos a los 205 centros CAIF de todo el país, incluidos los de Canelones. Para ello el INDA tuvo que regresar al sistema de envío de alimentos secos (leche en polvo, harina, azúcar, fideos), en especial en el caso de Canelones donde ayer viajaron dos camiones con víveres para atender las necesidades de los 28 centros CAIF del departamento.

El director Roberto Benech explicó que INDA trabaja en coordinación con algunas intendencias del interior mediante el cual el instituto provee alimentos secos y las comunas alimentos frescos.

Desde fines del año pasado, se habilitó a INDA enviar dinero en vez de los alimentos en sí, explicó Benech. Esto permite descomprimir el sistema de compras centralizadas de INDA y de paso redistribuir un fondo de unos 6 millones de pesos mensuales por todo concepto, para que se beneficien los proveedores locales en cada departamento.

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