Cada día más grandes

LA tecnología ha permitido en los últimos años multiplicar el volumen, la audacia y hasta el riesgo de ciertas construcciones, desde el puente más elevado del mundo en el sur de Francia o el flamante Airbus A380, que puede transportar a novecientos pasajeros, hasta la torre Taipei 101 de la capital de Taiwan, que se inauguró el mes pasado y se ha convertido en el edificio más alto del mundo con algo más de 500 metros. Pero ninguno de esos récords podrá mantenerse mucho tiempo, porque las iniciativas para superarlos surgen todos los días y proyectan otros ejemplos de gigantismo capaces de pasmar al observador. Uno de ellos estará localizado en el emirato de Dubai, sobre el golfo Pérsico, y podrá abrirse al público en el año 2008: será la torre Buri Dubai, que con 800 metros de altura y 160 pisos le ganará a su competidora de Taipei por casi 300 metros: esa torre árabe forma parte de un proyecto urbano que modificará el perfil de la capital del principado a un costo de 8.000 millones de dólares. El petróleo permite esas extravagancias.

CLARO que hoy se vive en una época de expansiones donde hay barcos de carga de 180.000 toneladas, puentes como el que une la costa danesa con la sueca o túneles como el que enlaza las dos islas septentrionales de Japón, por no hablar del Eurotúnel que vincula a Francia con Inglaterra a través del paso de Calais. Pero lo que se prepara —y que será realidad en un futuro cercano— incluye desde hoteles espaciales (que girarán en órbita sobre la Tierra) y hoteles volantes, que colgarán de inmensos dirigibles impulsados por helio: Julio Verne estaría feliz si pudiera leer los diarios de hoy. Al fin y al cabo, las realidades del nuevo siglo XXI no superan demasiado a la imaginación de ese novelista, que supo prever unas cuantas cosas aunque todas ellas parecían meras fantasías en el siglo XIX.

MAS atrevido que casi cualquier otra propuesta, lo que podrá comenzar a construirse dentro de pocos meses será el Freedom Ship, un monstruo de los mares que dejará enano al enorme Queen Mary 2. Ese futuro gigante medirá 1.371 metros de largo (es decir, más de un kilómetro) por 221 de ancho y pesará 2.700.000 toneladas. Para tener idea de la magnitud del barco, debe saberse que podrá llevar a bordo 50.000 pasajeros, con sitio suficiente para que se sumen otros 20.000 visitantes ocasionales cuando toque los grandes puertos. La nave dispondrá de un aeropuerto sobre la cubierta, una cancha de golf, varios hoteles, un hospital, más de una escuela y hasta un amarradero para lanchas en su parte posterior. Para mover al coloso harán falta cien motores de 3.700 caballos de fuerza cada uno, pero mayor que esas máquinas será el presupuesto que devorará su construcción: los empresarios de la firma encargada del buque están embarcados en conseguir esos millones, que son muchos.

ALLI no terminan los alardes ingenieriles. También en Dubai, donde la plata sobra, una compañía inmobiliaria lleva adelante otro proyecto de 3.000 millones de dólares, consistente en un conjunto de trescientas islas artificiales cuyo dibujo —visto desde el aire— imita el planisferio. Las obras finalizarán en 2008 y cada isla (habrá tamaños variables) se pondrá en venta a particulares a cambio de precios que oscilan entre 7 y 37 millones de dólares: los interesados, según se ha dicho, podrán optar por la isla Perú, la isla Argelia o la isla Corea, según los gustos y los bolsillos.

YA hubo promesas de compra-venta anticipadas para el archipiélago artificial: la isla Australia fue reservada por un consorcio de Kuwait. "Será el emprendimiento más exclusivo del mundo" dijo un vocero de los constructores, aunque ese privilegio podrá ser disputado por otro proyecto en curso en el mismo Dubai, el hotel Hidrópolis, que tendrá más de doscientas suites sumergidas en el golfo a una profundidad de veinte metros, hasta las cuales se llegará mediante un túnel transparente de 500 metros de largo. Una vez instalado, el pasajero estará rodeado de peces y corales a través de las paredes transparentes de su habitación.

El Tercer Mundo podrá conformarse con mirar de lejos esos y otros desplantes propios de congéneres con más recursos, demostrando que una parte de la humanidad puede sobrevivir sin torres vertiginosas, barcos descomunales o placeres submarinos.

Reflexiones que vienen del ayer

Muchas veces se ha debatido si la persona, luego de jubilarse, tiene o no derecho a seguir trabajando. Especialmente considerando que el monto de la pasividad usualmente no llega al nivel de lo que cobra como sueldo en el momento de su retiro. Un tema candente. Un tema de hoy. Pero para el cual hay reflexiones que vienen al caso y que se extraen del pasado.

En oportunidad de debatirse en el Parlamento temas jubilatorios, a comienzos del siglo XX, el representante nacionalista Aureliano Rodríguez Larreta dijo:

"Puede ser un hombre que goce de perfecta salud —como gozo yo, que tengo algo más de cincuenta años—, que se haya acogido a la jubilación porque tiene treinta años de servicios. ¿Por qué se le va a privar a ese señor que trabaje en alguna cosa para ayudarse, si la jubilación es muy pequeña?" Y destacaba: "El obrero, como lo dijo el señor diputado Ponce de León y lo han dicho algunos otros, que se jubila a los 30 años de servicios es dueño de la jubilación. Es como si comprara un terreno y fuera propietario de él, no se lo puede de ninguna manera privar del trabajo en alguna otra cosa si tiene todavía facultades o fuerzas físicas para trabajar".

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