GUSTAVO TRINIDAD
Hechiza con su sonrisa tanto arriba como abajo de escenario. También suele reír con los ojos, cuando afina sus grandes "bochones" negros.
El alta como una diosa. Su cuerpo está artísticamente equilibrado entre su metro ochenta y cinco de estatura, más zapatos de tacos y finísimo sombrero de plumas celestes.
María Bethania Salas (28), acaba de bajar del escenario del Teatro de Verano y recorre toda la platea danzando escoltada por trece bailarinas en una especie de pasarela humana formada por miles de espectadores.
Se siente mejor así: bailando entre la gente. Lo prefiere al escenario donde las coreografías son como un corsé para la alegría. "Para la verdadera bailarina de candombe no hay como las "Llamadas". Ahí lo importante es dejarte ir y que te lleve el tambor y la alegría de la gente", explica.
Nació en una casa del barrio Buceo que ya era una comparsa. "Entre mi familia había una comparsa entera. Había mama vieja, escobillero, gramillero", cuenta. Sin embargo Bethania no pudo salir en una comparsa hasta los 22 años. "No me dejaban y me cuidaban demasiado por ser mujer", recuerda divertida.
La primera comparsa que contó con su belleza y su danza fue la mítica "Morenada", luego vendría "La Calenda" y hace tres años que sale con "Ruanda".
SECRETOS. Nadie le enseñó los secretos de danzar el candombe porque, "aunque le duela a muchos no existen escuelas, tenés que ser negro, llevar la raza en la sangre y no faltar a las "Llamadas" que se hacen durante todo el año". Ese es el secreto que tiene para mantenerse en forma. "No hago nada especial más allá de ir a todas las "Llamadas" del Barrio Sur. Por otra parte es una gran terapia para mí. Me limpia la cabeza de problemas y estrés". "Ruanda" actuó el pasado lunes por segunda vez en el concurso oficial. Salas pareció más distendida que la primera función.
"Es que la primera vez siempre estás más nerviosa. Además nos toco abrir el concurso en la categoría y no teníamos casi tablados hechos. Esta vez estuve más distendida".
Estar a la cabeza de 13 bailarinas es toda un responsabilidad y también una exigencia profesional porque la competencia interna existe. "Es una pena pero aunque nos llevamos todas bien siempre hay como una distancia entre las vedettes y el resto del cuerpo de baile. Es una distancia que marca una sana competencia".
Salas tiene a su favor, además sentir lo que danza, la altura que de inmediato la impulsa a la categoría de vedette. "Es una ventaja porque al cuerpo de baile siempre se lo busca parejo y por eso mismo para mí es difícil que me propongan para el cuerpo de bailarinas, siempre se me ve como vedette", explica con feliz resignación.