MALDONADO | R.T.
A los 32 minutos del complemento, los inadaptados de siempre —esta vez dentro del grueso de la parcialidad aurinegra— comenzaron a tiraron botellas al arquero tricolor Sebastián Viera. Como si eso no fuese más que suficiente para enrarecer el clima de un partido, tiraron una bomba de estruendo que estalló a escasos centímetros de donde estaba parado el golero de Nacional. En ese mismo instante, el árbitro maragato tomó su silbato y decidió suspender el encurentro por espacio de 10 minutos con la finalidad de enfriar los ánimos y para que la guardia policial tomara los recaudos necesarios para garantizar el normal desarrollo del espectáculo.
Muchos terminaron por darle la razón al "Loco" Abreu que al principio del partido propuso comenzar de manera tal que en el segundo tiempo los arqueros estuvieran con su parcialidad detrás, pero Cedrés le respondió que no era necesario "no pasa nada", dijo. El árbitro siguió firme en su postura de esperar a que los ánimos se calmaran. "Lo que pasa es que no se quieren comer otra vez la comida", le dijo Abreu a sus compañeros refiriéndose a los hinchas de Peñarol que no dejaban de tirar objetos al campo de juego.