Luchando por un amor en espera del Apocalipsis

El director Vinterberg fue el autor de la película más memorable de las que inauguraron el "Dogma", La celebración, que transformaba una fiesta de familia honorable, lúdica y burguesa en una tragedia de revelaciones monstruosas y odios in-apagados. Como Lars von Trier, su compañero de ruta, sabe superar en pocos años las restricciones más superficiales de aquel raro intento dogmático, y se lanza a otra experimentación audaz liberada de ataduras. Esta vez propone una película futurista a muy corto plazo.

Estamos en el 2021. La película inventa, sin un sólo efecto especial de escenografía, vestuario o acción física, una Nueva York espectral, casi despoblada, en que nieva en pleno verano (lo que esconde tras su delicia aparente, un augurio terrible) y en que los transeúntes han aprendido a sortear los cuerpos muertos que pueden aparecer en un banco de plaza o una escalera de metro. Funciona todavía el subterráneo, donde también hay muertos que no sorprenden a nadie, pero son unas enorme limusinas también mortuorias las que dominan la ciudad, llevando y trayendo a quienes parecen detentar el poder, porque no hay presidentes, ni gobernadores, ni policías en ese futuro tan cercano.

Hay un señor Morrison, amable e inofensivo, que parece un ángel de Frank Capra, pero a quien no hay otro remedio que atribuirle el manejo de ese control remoto que da las últimas órdenes de un mundo que se está enfriando rápidamente. Del resto del planeta sólo se tiene constancia de un resto de negros ugandeses a los que algún experimento diabólico permite volar como los pájaros. Pero ellos reivindican su condición humana. No quieren volar. Qué escándalo.

Aquélla es la Nueva York que encuentra el protagonista (Joaquin Phoenix, cada vez mejor actor) cuando llega por unas horas a pedirle a la mujer de la que se está divorciando y que es una estrella del patinaje artístico (Clare Danes) una firma final para los papeles del divorcio. Pero encuentra a una mujer asustada, dominada por un clan familiar aparentemente cordial, afectada en su propia seguridad profesional, y termina descubriendo que esas mujeres fantasmales que lo espían en los tétricos corredores del hotel, son tres dobles de su propia mujer, tres pobres y aterradas mujeres de la Europa del Este que, convenientemente modificadas en su físico y entrenadas en el arte de su modelo, van a funcionar como clones en la pista de patinaje. Esa macabra maniobra, de la que son cómplices los más íntimos familiares de la artista prácticamente secuestrada, da lugar, paradoja que se permite Vinterberg, a la más bella secuencia del film. Las cuatro patinadoras bailan al son de la más famosa aria de Donizetti (Una furtiva lacrima), pero esa engañosa exaltación poética se concluye con una matanza, de la que Phoenix consigue salvar a su mujer. A esa altura, Vinterberg, en alas de lo enigmático de su propuesta, no se preocupa en explicar demasiado. Queda todavía un doble final: los amantes mueren congelados en su huida por el paisaje, ya muerto, de la Tierra y sólo al sol de Uganda sobreviven aquellos pocos negros que no quieren volar y que se atan desesperadamente a la tierra.

Apocalypse now. O por lo menos en el 2021. Una advertencia: si le interesan Vinterberg, el cine danés o las fábulas terroríficas, apúrese a verla. En el cine había pocos espectadores. Eso sí, no vi muertos.

critica | antonio larreta

TODO ES POR AMOR

It’s All About Love

Libreto. Thomas Vinterberg, Mogens Rakov.

Fotografía. Anthony Dod Mantle.

Sonido. Kristian Eidnes Andersen.

Diseño de producción. Ben van Os.

Música. Zbigniew Preisner.

Productora. Birgitte Hald.

Elenco. Joaquin Phoenix, Claire Danes, Sean Penn, Douglas Henshall, Margo Martindale, Alan Armstrong, Mark Strong, Geoffrey Hutchings, Harry Ditson, Thomas Bo Larsen, Teddy Kempner.

Sala. Hoyts Alfabeta.

l Estados Unidos/Dinamarca 2004.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar