Después de las caídas

Jorge Abbondanza

Hay hombres que no se dan por vencidos. A los 89, el dramaturgo Arthur Miller va a casarse por cuarta vez. La elegida es una pintora llamada Agnes Barley, que acaba de cumplir 34 años y tiene por lo tanto 55 menos que su novio. La diferencia de edad entre marido y mujer no fue obstáculo para que Hitler le fuera fiel hasta la muerte a Eva Braun, 25 años menor que él, y tampoco entorpeció el acuerdo conyugal entre Juan Domingo Perón y Eva Duarte, una abanderada que tenía 25 años menos que el general. Pero 55 años ya es una diferencia temible, aunque Miller no parece acobardarse ante ese abismo generacional.

Reinicia así, a punto de convertirse en nonagenario, una epopeya matrimonial que había inaugurado de muchacho cuando se casó en primeras nupcias con Mary Slattery, una compañera de liceo que sería la madre de sus dos hijos, la mayor de los cuales se llama Rebecca, está casada con Daniel Day-Lewis y se ha convertido en una buena directora cinematográfica. Pero Miller se divorció de Slattery y en 1956 volvió a casarse con Marilyn Monroe, que entonces se encontraba en la cima de su fama mundial y parecía —rubia, joven y poco instruida— el reverso de un intelectual maduro, ácido y comprometido políticamente desde sus batallas contra el macarthysmo y su feroz alegoría teatral llamada Las brujas de Salem, que multiplicó el prestigio del autor y pasaría más de una vez al cine.

Sin embargo ese matrimonio desigual duró hasta 1961 y no tuvo descendencia, a pesar de los esfuerzos de Marilyn por engendrar un hijo: a esa altura el escritor vivía en el caserón de Roxbury (Connecticut) que había comprado para agasajar a su célebre compañera, que según dicen ahora las malas lenguas "no sólo se ocupaba de mantener a Miller sino que también se encargaba de pagar la pensión alimenticia a la primera esposa de su marido" con el empinado salario estelar que le pagaba la Fox. Como regalo de despedida, el dramaturgo donó a su mujer el libreto para Los inadaptados, una película que dirigió John Huston con gran elenco (Clark Gable y Montgomery Clift, además de Monroe) y que a pesar de todo era muy desabrida.

Después de Marilyn, el dramaturgo disfrutó de la serenidad conyugal más larga de su vida: estuvo casi cuatro décadas casado con la fotógrafa austríaca Inge Morath antes de que ella muriera (hace tres años) dejándolo hundido en una tristeza de la que aparentemente acaba de emerger con su nuevo proyecto sentimental. La notoriedad que ha dado a Miller una carrera donde figuran sus piezas (Muerte de un viajante, Panorama desde el puente, Después de la caída) y sus premios (Pulitzer, Príncipe de Asturias), tiene el condimento adicional de sus matrimonios, que por el momento son cuatro y deben registrarse como otra prueba de su vitalidad inmortal.

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